APRENDER A PERDER LO QUE HAS GANADO

APRENDER A PERDER LO QUE HAS GANADO

7 febrero 2021 5 Por Alejandro

El título de este post es la conclusión a la que he llegado después de muchas preguntas que me he hecho respecto a lo que llevo vivido durante casi 46 años. Lo sabía ya, pero no era consciente, o más bien no lo había puesto en práctica. Porque lo fácil es quejarme, lamentarme y pensar que lo que me pasa es injusto, o no me lo merezco. Pero no es así. Cuando me paro a pensarlo sin la sombra de mi ego, llego a esta PRECIOSA conclusión, que es lo que da respuesta a la pregunta más grande: ¿QUE ES LA VIDA? Pues es esto, aprender a perder las cosas que has ganado. Perdemos a nuestros abuelos, a nuestros padres, a nuestros amigos, a las parejas que fueron pero no acabaron siendo, a aquel amigo que tanto querías y que ya no está. Perdemos la juventud, la fuerza, la vista, y tantas muchas otras capacidades que nos lo van poniendo cada vez más “divertido”. Perdemos trabajos, confort, libertad y a veces la ilusión. Y es verdad, la vida es aprender a perder lo que has ganado. Porque me lo dijo así muchas veces Albert Espinosa, que siendo un niño perdió un pulmón, una pierna y muchos días en un hospital. Pero yo pensé que él había tenido mala suerte, y que eso es lo que le hizo perder todo eso siendo tan joven. Pero no es así, lo único es que él sí era consciente y además lo contó, y se rio de todo lo que perdió. Porque a la vez que perdía todo eso, él sabía lo que ganaba. Estaba atesorando algo que normalmente requiere mucho tiempo, y que mucha gente nunca acaba teniendo, porque no va a parar a la vitrina de los trofeos ni a la cuenta corriente: la empatía, el corazón, la bondad, la generosidad, y muchas otras cosas que son lo que realmente nos hace grandes y excepcionales personas.

Yo a veces siento que me toman el pelo, que yo he puesto sobre la mesa todo para que algo salga bien, cediendo, siendo flexible, renunciando a mi ego, y ayudando en favor de un beneficio que me trasciende. Y muchas veces no me sale bien, me llevo una buena leche, y me toca recoger los trozos y además explicar y defender por qué lo hice así. Los que me conocéis sabéis que no es la primera vez que me pasa. Y entonces la gran tentación que me asalta es hacer “lo fácil”, y mirar para mí, comportándome como ese gracioso muñeco que tienen mis hijas en su habitación y que se llama “Topamí” Pero me vuelvo a parar a pensar, y es entonces cuando me doy cuenta de que al final del día, lo que verdaderamente importa es que haya gente a la que le he sumado, aunque yo no lo sepa, y puede ser que muchas de esas personas son de esas que voy a perder. Pero a la vez que pierdo y aprendo a perder, casi imperceptiblemente gano, y sobre todo me voy convirtiendo en esa persona que quiero llegar a ser como muy tarde el último día que esté por aquí…

Ayer lo vi. Vi que en los momentos difíciles hubo gente que estuvo ayudándome y poniendo lo que tenían para que yo pudiese salir airoso de lo que me estaba agotando. Y para eso solo tuve que hacer una llamada o mandar un mensaje y la respuesta fue inmediata: “¡aquí estoy!” Así que a lo mejor no es solo que la vida es aprender a perder lo que has ganado, sino que es aprender a vivir con esta sensación permanente de pérdida, y empezar a ver todo lo que a la vez estoy ganando.

Lo que sí es indudable es que nacemos sin traer nada, morimos sin llevarnos nada, y aún así luchamos permanentemente por ser dueños de algo. Con lo que lo único que nos queda es VIVIR CON LO QUE TENEMOS HOY. Y eso es lo que yo quiero empezar a entrenar.

Y tú ¿a qué estás aferrado para no perderlo?

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