Hablar al Elefante

Hablar al Elefante

26 junio 2020 3 Por Fernando

Parece que, en algunos casos, habrá que esperar a la próxima pandemia para eso de “ser mejores personas”. Y es que no es lo mismo hacernos promesas cuando tenemos una amenaza más o menos real sobre nuestras cabezas y semanas de confinamiento por delante, que cumplirlas al sol de una terraza dentro de la mal llamada “nueva normalidad” (¿hablamos otro día de este concepto?). Hasta cierto punto es como cuando de pequeños nos metíamos en un lío y rezábamos a la desesperada “Por favor Señor, si me sacas de esta, te prometo que nunca más… [completar con algún propósito recurrente e incumplido]”.

Quizás estés pensando que tú sí que vas a ser mejor persona, de hecho, ya lo eres. Que esto nos ha cambiado para bien. Que quién soy yo para comenzar esta entrada juzgando. O por el contrario puedes sentirte un poco identificado y tiendes a machacarte con la idea de una oportunidad perdida. Otra más. O qué se yo. No buscaba, sin embargo, ni lo uno ni lo otro. Lo que pretendo es ejemplificar a qué me refiero con esto de “hablar al elefante”. Al utilizar el concepto de “mejor persona” evoco un dilema moral, los buenos y los malos, algo poco racional, pero muy efectivo a la hora de ponernos en movimiento y provocar un pensamiento, un posicionamiento y puede que hasta una acción por tu parte.

¿Te has preguntado alguna vez por qué cuesta tanto cambiar un comportamiento o conducta? ¿Por qué nos proponemos algo y luego no lo cumplimos? ¿Qué necesitas que ocurra para cambiar “eso” de una vez?. En Si hay que ir se va, desgranamos algunas claves que nos ayudan a decidir cuando nos enfrentamos a un cambio y hoy quiero compartir contigo una hipótesis complementaria: además necesitamos hablar al elefante.

¿Por qué nos proponemos algo y luego no lo cumplimos? No le hablamos a nuestro elefante.

Aprendí la metáfora del jinete y el elefante leyendo hace unos años “Superpoderes del éxito para gente normal: Consigue todo lo que quieras… trabajando como un cabrón” del genial Mago More. Es uno de los libros que más he regalado en mi entorno por significativo a la vez que práctico y ameno. Los 14,20€ que bien vale la edición impresa, van íntegramente a la Fundación Bobath, dedicada al tratamiento integral y educación de las personas con parálisis cerebral. More referencia la metáfora en uno de sus libros de cabecera “La hipótesis de la felicidad” (2006) del psicólogo social Jonathan Haidt. Posteriormente Haidt continuó su hilo argumental sobre el jinete y el elefante en un segundo libro “La mente de los justos” (2013). La traducción al castellano creo que no recoge todo su significado. El original, “The Righteous Mind”, sería algo así como “la mente de los juiciosos, los moralmente virtuosos”, porque en él viene a explicarnos cómo es posible que personas juiciosas, “buenas” en principio, son capaces de discutir fervientemente sobre temas como política o religión (y añado fútbol, que a veces es lo primero y lo segundo). Cosas del elefante.

De manera muy resumida, nuestro cerebro funciona como un jinete a lomos de un elefante. El jinete es la parte racional de nuestro cerebro, es astuto, tiene visión y conoce cuál es el camino adecuado para llegar a destino. El elefante es intuitivo y emocional y aporta el músculo para realizar el camino. Ya sabemos que un elefante es del orden de 100 veces más pesado y potente que su jinete. Si el elefante se desboca y decide moverse hacia un lugar determinado, ¿qué herramientas tiene el débil jinete para impedirlo?. Por otro lado, si el elefante decide permanecer quieto, el débil jinete poco puede hacer para moverlo. Una cosa son los argumentos para movernos y la meta en sí y otra la energía necesaria para lograrlo, En realidad, se mueve el elefante, y el jinete justifica el movimiento.

Fuente: Píldoras del Conocimiento, no os perdáis sus podcasts

Mahout es el vocablo hindi que se utiliza para denominar al jinete que guía a un elefante. En la tradición hindú el término era equivalente al de guardián del elefante y era un honor ya que los elefantes eran entrenados para participar en la guerra. Sin embargo, en las últimas décadas y más aún con la irrupción del turismo masivo en el sudeste asiático, el Mahout se ha convertido simplemente en la persona que está más cerca del elefante, en muchos casos con una competencia y entrenamiento limitado lo que deriva, entre otras cosas, en un alarmante número de fallecimientos de Mahouts. Necesitamos volver a ser Mahouts de los de antes, conocer al detalle al elefante, guardarlo y entrenarlo para conseguir nuestras metas. Metas que podríamos conseguir con mayor probabilidad (¡ay, ese jinete, cómo le gustan los porcentajes!) siguiendo los siguientes tres pasos:

1.- Dar dirección, y visión al jinete. Es la parte racional. Es mejor vivir 100 años que 80, para ello parece que está bien hacer ejercicio, comer sano, meditar y tener pensamientos positivos y críticos. Seguir entrena10.com podría ser adecuado para el jinete.

2.- Motivar al elefante para que se mueva en esa dirección. Yo no sé si aquello de los cacahuetes y los elefantes funciona, la cuestión es ¿qué hace las veces de cacahuete para tu elefante?, ¿qué cacahuetes se encuentran en el camino equivocado y distraen constantemente al elefante?.

3.- Despejar el camino. Una vez que el elefante comience a andar se puede parar ante las barreras. La misión del responsable del cambio es despejar el camino para llegar a término.

Necesitamos volver a ser Mahouts de los de antes, conocer al detalle al elefante, guardarlo y entrenarlo para conseguir nuestras metas.

Una de las personas que mejor he visto hablar al elefante es el actual presidente de los EEUU, sin que tenga que ver (¿o a lo mejor si?) que el elefante sea el símbolo del partido republicano.  Apela constantemente, con sus gestos y sus palabras, a la emoción del oyente, a lo visceral, a aquello que es universal y todo el mundo entiende. Pone caras de asco o alegría extrema  en sus discursos, amenaza y apela al miedo en menos de 140 caracteres con sus tweets y con ello participa del circulo vicioso que conforman mercados, política y electorado. Visto está que le odian y le adoran pero a pocos les es indiferente. Sabe perfectamente que para obtener movimiento hay que hablar al elefante. Sí, lo saben todos los políticos, en todas partes. Lo de “nueva normalidad” tiene un carácter balsámico, tranquilizador para nuestros elefantes, pero como ya os propuse, lo hablamos en unos días. Y por supuesto lo saben todos los departamentos de marketing del mundo entero. No es malo ni bueno. Simplemente es así. Lo que mueve es la emoción, el corazón, el por qué, el sistema límbico la capa del por qué de la que nos habló Alejandro en el último post Somos unos animales. Espero que a todos, a ti también, socio, os sea de utilidad redundar sobre esta idea.

El concepto importante que aprendemos aquí es que “hablar al elefante” genera movimiento. Hacer, votar, comprar, cambiar, intervenir en redes sociales…, necesitan de un aporte energético. Si alguien quiere que nos movamos en una dirección sabe que sólo tiene que poner al elefante mirando hacia ella y hablarle para que arranque, Luego culminará el camino si es capaz de quitar todos los obstáculos que el elefante pueda encontrar. ¿Cómo aplicar este aprendizaje?

  1. De manera critica con los mensajes que recibo del entorno. ¿De verdad quiero gastar energía en moverme hacia donde otros me invitan? Vivimos una era en la que el elefante tiene motivos para terminar esquizofrénico a base de estímulos.
  2. De manera poderosa y para mi más importante: para hablarme a mi mismo. ¿Cómo hablo a mi elefante para que se ponga en movimiento? ¿Qué le pondrá en marcha? O mejor todavía ¿por qué habría de ponerse en movimiento esa masa de 6 toneladas?.

Quiero dejaros con una canción de Bunbury que he desgastado durante el confinamiento por recomendación de mi buen amigo Javier. Al principio me impactó por esa premonitoria estrofa “[…]Será una suave brisa nuclear que nos dejará en los huesos. O una bacteria que se expandirá y contagiará sin darnos cuenta. Perderemos el tiempo intentando curar, Invirtiendo millones en pastillas que no salven a nadie[…]”. Aunque escuchar la canción en profundidad me ayudó a visualizar la vida como esa cadena de elefantes dando vueltas, al son de unos pocos que saben cómo hablarles. El vídeo ayuda a comprender, y mucho.

Si le apetece a tu elefante déjanos tu comentario y hablamos sobre el significado del vídeo, el del post o sobre lo que tú quieras. De elefante a elefante.

¡Feliz día!

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