LA PERCEPCIÓN DEL TIEMPO

LA PERCEPCIÓN DEL TIEMPO

22 abril 2020 7 Por Chema

El confinamiento y el parón laboral me han obligado a echar el freno, un parón drástico, sin aviso, de un día para otro me encuentro en mi casa, sin poder salir a trabajar, PARADO, tal cual vimos en el Post AHORA TOCA PARAR. Ahora mi rutina es completamente distinta, son unas vacaciones extrañas. El tiempo sin embargo no se detiene a pesar de que tengo la sensación de que en cierta manera se hubiera congelado Ojalá pudiéramos congelar el tiempo…

Me acuerdo de mi padre cuando de forma incansable se iba por las mañanas a trabajar y volvía por las noches, así un día y otro. Recientemente se ha jubilado y dice que la vida ha pasado como una locomotora. Es una sensación que escucho repetidamente por la gente mayor.

Pienso en mis veranos de la infancia, el gran momento del año. Una sensación de eternidad me inundaba, en la que me daba tiempo a disfrutar, hacer nuevos amigos, viajar, salir y entrar incansable… las vacaciones han sido un gran momento para desconectar, poner el contador a 0, asimilar lo vivido e intentar volver cargado de energía y con las ideas ordenadas para volver a empezar el ritmo frenético otra vez. A veces la vida nos sorprende y nos da un baño de realidad, no tenemos el control de todo, pero está en nosotros aprovechar cada instante para sacar lo mejor. Ahora que he tenido que parar, tengo tiempo para pensar y saborear lo que está pasando en mi vida. Qué curiosa es la percepción del tiempo, cuando algo nos encanta pasa volando y cuando nos aburre parece que no acaba nunca. Cuando somos niños los días son larguísimos y a medida que nos hacemos mayores pasan los meses sin darnos cuenta.

La ciencia ha tratado de dar explicación a esta amarga sensación del paso del tiempo. Ernest Weber, pionero de la psicología experimental, en 1834, a partir de una función matemática que atiende a dos variables: la intensidad y la sensibilidad; estableció una relación cuantitativa entre la magnitud de un estímulo físico y cómo éste es percibido por el sujeto. En la actualidad, Adrian Bejan, profesor de ingeniería mecánica de la Universidad de Duke, lo ha reinterpretado explicando cómo la percepción de las experiencias se ve alterada a medida que envejecemos, ya que el cerebro necesita más tiempo para procesar nuevas imágenes mentales. Los bebés, por ejemplo, mueven sus ojos a un ritmo más veloz que los adultos, ya que están procesando imágenes a un ritmo frenético, por tanto el cerebro joven es capaz de adquirir muchísima más información por unidad de tiempo, lo que produce la sensación de que los días pasen más lentos, porque suceden muchas más cosas. Sin embargo, la mente de las personas mayores, percibe menos imágenes en la misma cantidad de tiempo, lo que hace que las experiencias parecieran ser menores, pero en realidad son las mismas, simplemente parecen ocurrir más rápido.

Esta situación nos ha tocado por otro lado en un momento de nuestra vida privilegiado. Si escucháis a nuestros mayores, todos coinciden en decir, ¡estás viviendo una de la mejores décadas de la vida! (según ellos la de los 30, los 40 y los 50). Ahora tengo 39. Son décadas según ellos, de plenitud personal y laboral y aunque es un revés que el confinamiento pueda cortar nuestro desarrollo profesional, veo que por otro lado es una oportunidad poder vivir más de cerca con mis hijos, pasar más tiempo de calidad con ellos, jugar, hablar, ver películas, enseñarles cosas y conocernos mejor. Algo parecido a lo que le pasaba a Alejandro y nos contaba en el Post ME VOY A LA TITAN DESERT. Algo que a lo mejor nunca me había planteado tan beneficioso ni para mi, ni para ellos. 

El tiempo no vuelve. Lo que no hagas hoy no regresa, aprovecha al máximo cada día, emplea estos días para observar las cosas buenas que han sucedido en tu vida, y también las malas. Ordénalo. Mira tu vida desde la tranquilidad que el día a día no te permite. Examina qué cosas te hubieran gustado hacer y no has hecho. Cuántos proyectos se quedaron en el tintero sin emprender. Resetea como hacías en los veranos de pequeño. Haz la lista de imprescindibles para cumplir tus sueños y deseos. Proyecta todo aquello que quieres hacer en los próximos años… con el objetivo de sentirte orgulloso de ti cuando eches la vista atrás y veas todo lo que fuiste capaz de conseguir!

 

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