SOMOS UNOS ANIMALES

SOMOS UNOS ANIMALES

5 junio 2020 28 Por Alejandro

Hace unos días asistí a uno de los interesantísimos talleres que imparte Atesora Group y de los que soy ya un habitual. La sesión versaba acerca de la Gestión Asertiva de las Relaciones, y comenzó con una declaración que me enganchó y me cautivó : “Nuestro cerebro pesa alrededor de 1.300 gramos, de los cuales solo un 10%  se corresponde con la parte que nos hace humanos, nuestra cerebro racional” 

Mi conocimiento acerca del cerebro humano es muy escaso. Lo que sé lo he aprendido leyendo algún artículo, y escuchando los magníficos podcasts del Doctor Mario Alonso Puig http://www.marioalonsopuig.com. De lo que he aprendido, la cuestión que más me cautiva es el concepto del cerebro “triúnico”. Este concepto fue formulado en los años 60 por Paul Maclean, y viene a decir que el ser humano tiene tres cerebros en uno. Tres cerebros que a modo de muñeca matrioska se han ido superponiendo e integrando físicamente a lo largo de nuestra evolución como especie, y que tienen un funcionamiento totalmente independiente y diferencial:

  1. Cerebro Reptiliano: Tiene una antigüedad de 500 millones de años, y se encarga de nuestras funciones básicas relativas a la supervivencia y la perpetuación de la especie: Comer, dormir, respirar, procrear, etc. Este cerebro es el que nos protege de los peligros y amenazas a través de tres posibles actuaciones: Atacar, escapar o bloquearse. Sobre este cerebro tenemos muy poca capacidad de actuación.
  2. Cerebro Límbico: Tiene más de 200 millones de años. Es el que dirige nuestras emociones, y tiene tres características esenciales. No conoce el lenguaje, en él reside la motivación, y es nuestro centro de decisión.
  3. Neocortex: Tiene apenas 100.000 años, es la parte del cerebro que nos hace humanos, y en ella reside el razonamiento, la reflexión, el habla y la autoconsciencia de existencia. Algo que es único y diferencial del ser humano.

Y ahora pensarás, ¿para qué me cuenta Alejandro este rollo? No es solo para lanzarte el mensaje impactante de que tan solo 130 gramos de nuestro cerebro es lo que nos diferencia de los demás animales. Lo importante para mí es que durante toda nuestra vida, cultivamos  nuestro cerebro racional, y ponemos en cuarentena nuestro cerebro emocional ¿Y qué consecuencias tiene esto?:

  • Que cuando cumplimos 40 años y nos preguntan qué es lo que hace que nos levantemos de la cama cada mañana, no sabemos qué contestar.
  • Que cuando nuestros hijos nos preguntan si de pequeños queríamos dedicarnos a lo que hacemos en nuestros trabajos, comenzamos a dar unas explicaciones complejas, llenas de racionalidad y que no nos creernos ni nosotros mismos.
  • Que cuando cumplimos la edad de jubilación y hacemos la retrospectiva del día después, sentimos un vacío que nos genera vértigo. 
  • Que cuando nos encontramos en el momento de enfrentarnos al final de nuestra vida, la mayor parte de ideas que se nos vienen a la cabeza comienzan por “ojalá hubiera..”

…Y es que estamos diseñados para vivir en un mágico equilibrio de nuestros tres cerebros. Sin embargo nos hemos empeñado en potenciar nuestro cerebro racional, el que nos dice lo que hay que hacer, el que nos dicta la persona que tenemos que ser, el que nos establece los mandatos de vida. Hemos secuestrado nuestro cerebro límbico, el que nos apasiona, el que nos motiva, el que nos ilusiona, nos inspira, el que nos dice: “esto me pone”. El cerebro emocional, no entiende el lenguaje, entiende el sentimiento, que es en esencia lo que nos llena y nos mueve para conseguir cosas que nuestro cerebro racional considera que son inalcanzables.

Todo esto me hace recordar un TED Talk grandioso de Simon Sinek, y que te recomiendo que reproduzcas. En él explica el concepto del “Golden Circle” destapando las claves del éxito de las personas y las organizaciones.

El problema es que estamos educados para trabajar en el qué y en el cómo (cerebro racional) y sistemáticamente nos olvidamos de lo que mueve el mundo: el porqué (cerebro emocional) 

Conecto esta idea para ejemplificarlo en el mundo del deporte, y concretamente en mi deseada aventura de la Titan Desert:

Si hablo del qué, digo: “Pedalear durante 6 días encima de una bicicleta por el desierto del Sahara.”

Si hablo del cómo, digo: “A más de 40º, abrasándome al sol, deshidratándome y durmiendo en una Haima sin ningún tipo de comodidad.”

Si hablo del porqué, digo: “Porque quiero vivir una aventura inigualable que me ponga al límite, y me haga sentir que soy capaz de hacer cualquier cosa si me lo propongo.”

¿Adivinas qué es lo que me mueve a mí para entrenar durante 4 meses, invertir una considerable cuantía económica, y pedirme una semana de vacaciones, para volver al trabajo más cansado de cómo me había ido?

Esta semana, mi compañero en el equipo KH7 de la Titan Desert, Josep Betalú, ha logrado el reto de hacer la Ruta de los Conquistadores Non Stop. Una aventura muy complicada que los grandes deportistas hacen en 3 días, y Betalú quiso hacerla de una sola vez y en menos de 24 horas. Cuando escuchas su testimonio, te das cuenta que no fue su entrenadísimo cuerpo el que le permitió logralo, sino su pasión, coraje e ilusión, en donde reside su porqué.

¿Entiendes ahora por qué hay decisiones que tomas y que tu razón no entiende?

¿Entiendes ahora por qué tocas el cielo cuando haces cosas que racionalmente nunca harías?

¿Entiendes ahora por qué no entiendes muchas cosas en tu vida?

Solo cuando cuando le damos su sitio a nuestro cerebro límbico, puede lograrse que un cantante amateur versione la canción “Creep” con esta maestría.

 

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