Viernes 21 de abril

Ligero despertar a las 5:30 con el movimiento del barco que se dirige desde Lopar a la Isla de Cres. Finalmente aguantamos en la cama hasta casi las 7:00. Haber sacado un montón de fotos en el trayecto de ayer nos permitió hoy disfrutar de un poco más de descanso.

La logística de hoy era un poco más compleja, porque teníamos que llegar con el barco hasta Merag tras algo más de 1 hora de travesía, desembarcar antes de las 9:00, esperar a que llegase el Ferry con las bicis, y dado que el espacio del puerto era muy reducido, hasta que todos los vehículos de la organización no consiguieron aparcar y desempaquetar todos sus bártulos, nosotros no pudimos entrar a por nuestras bicicletas. De nuevo visita a los mecánicos para revisar las bicicletas. Hoy no caigo en la trampa, le pido al mecánico que me baje la presión de las ruedas, que prefiero ir un poco más lento y hacer mayor esfuerzo en las zonas de carretera y pista, que penar en la zona de piedras. A partir de este momento, y una vez que nos hemos puesto toda la indumentaria ciclista, nos queda más de 1 hora hasta que nos den la salida. Éste es uno de los “peros” de esta carrera; demasiado tiempo disponible desde que nos levantamos hasta que salimos. Tras dar unas cuantas vueltas por el reducido espacio que tenemos para movernos en bici, decidimos sentarnos y esperar…

Vuelve a repetirse el ritual de ayer, de corear un Ole 💃 con acento español en la primera línea de salida, y en esta ocasión no hay paseo por el pueblo. Directamente empezamos a subir un rampón impresionante nada más salir del ferry. Empezamos con rampas por carretera, que se va haciendo cada vez más estrecha y se convierte en un camino semi-asfaltado que a medida que avanza hacia arriba está cada vez más cubierto por piedras (¡qué raro! 😅) Cuando la carretera se convierte en pista empedrada, llegamos a una preciosa pradera con una bonita vista al puerto del que salimos, en donde me paro a hacer unas fotos y a reagruparme con Jon. Seguimos subiendo un poco más, hasta que empezamos a bajar. Realmente esto podría repetirlo 4 o 5 veces y con ello explicaría toda la etapa, incluso la carrera, porque lo único que hacemos es subir y bajar. Alguna vez llaneamos, pero hay tanta piedra, que da la sensación de que incluso llaneando, subimos… 🤣.
En la etapa de ayer hablaba de que las piedras estaban pegadas al suelo y tenían una morfología puntiaguda. Las de hoy en cambio estaban totalmente sueltas y tenían forma de mala leche. Realmente no sé muy bien su morfología, pero saltaban como si fuesen trapecistas, buscando nuestras espinillas. Yo me llevé 3 buenas pedradas en la pierna izquierda. Y Jon también recibió lo suyo. Lo dicho, no hay piedra buena en este país…
Antes de contar el tramo final de la etapa, quiero compartir aquí un secreto que he descubierto hoy, y que creo que es la explicación de por qué hay tantas piedras en estas islas. No son piedras autóctonas, las trae un paisano desde otros lugares para dejarlas depositadas en los caminos, y que así los ciclistas las disfrutemos sin necesidad de ir a buscarlas a sus distintos lugares de origen. Aquí verás la evidencia del “modus operandi”.

Y el resultado del trabajo de este paisano, es esta bonita plantación de piedras que todos los ciclistas podemos disfrutar.

Bueno, después de muchas subidas y muchas bajadas, una vez que nos avituallamos en la última parada, encaráramos la última subida. En aproximadamente 3,5 kilómetros subimos 350 metros, encontrándonos con diferentes señales que nos animan a dar lo mejor de nosotros en estos últimos esfuerzos de carrera.

El final de carrera es apoteósico; unas largas bajadas SIN PIEDRAS, que nos permiten ponernos a gran velocidad para llegar 15 minutos antes de la hora estimada al pueblo de Cres. Hemos terminado a las 18:15, así que nos hemos pegado nada más y nada menos que 7 horas encima de la bicicleta, contando piedras.
Cerveza de rigor, foto celebratoria, y dejamos las bicis en los mecánicos para dirigirnos a nuestro barco para ducharnos e irnos a cenar.
Mañana es la última etapa de la carrera; 40 kilómetros y 950 metros. Según nos comentan es una etapa muy técnica, en la que tenemos que poner especial precaución y “pericia” 😉 para sortear las caídas.
Ahora, más tarde de lo habitual, nos vamos a dormir, que mañana bien temprano madrugamos para dirigirnos a la isla de Losinj.






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