Los que me conocéis, sabéis que me encanta el mundo de la inversión, y no solo desde un punto de vista teórico, en la vida real también lo entreno 😉.
Llevándolo a un plano más allá de lo financiero, me gusta invertir porque me obliga constantemente a trabajar algo mucho más profundo: 👉 la gestión emocional.
Hace unos días leía una publicación de Laura Guzmán, periodista especializada en economía y finanzas, donde hablaba del “peaje de la volatilidad”. Y había una frase que me pareció especialmente potente:
“El mercado no se mueve en línea recta… pero nuestras expectativas muchas veces sí.”
Y ahí está gran parte del problema.
📉 La volatilidad (la de verdad)
Cuando uno mira la evolución del S&P 500 en los últimos 15 años, lo que ve desde lejos es una línea que sube. Pero cuando te acercas, ves:
- caídas
- crisis
- guerras
- inflación
- pánico
- COVID
- titulares catastrofistas
- y muchísima gente bajándose (vendiendo) justo cuando más miedo tenía
Y, aun así, la tendencia general siguió 📈

🧠 La vida funciona exactamente igual
El problema es que nosotros queremos que nuestra vida sí vaya en línea recta. Queremos:
- motivación constante
- relaciones perfectas
- trabajos estables
- entrenamientos ideales
- decisiones impecables
Y claro, cuando llega la volatilidad:
- nos frustramos
- dudamos
- pensamos que algo va mal
- o incluso creemos que hemos fracasado
Cuando muchas veces, 👉 simplemente estamos viviendo.
🏢 En el trabajo
En el trabajo hay volatilidad constantemente:
- Hay proyectos que salen mal.
- Decisiones equivocadas.
- Momentos de desgaste.
- Personas que decepcionan.
Y sí… alguna que otra verdadera cagada.
Pero si uno analiza una carrera profesional con perspectiva de 15 o 20 años, se da cuenta de algo:
Lo importante no es evitar todas las caídas, lo importante es que la tendencia general siga creciendo.
❤️ En las relaciones
No existen relaciones en línea recta. El círculo relacional está plagado de desacuerdos, discusiones, alejamientos, decepciones y rupturas (algunas explícitas y otras que se presuponen). Pero si miro hacia atrás lo que veo es que la salud de mis relaciones está en su mejor momento, con los que están hoy y los que ya no. Y la conclusión que saco es que:
Las relaciones sólidas no son las que no tienen volatilidad, son las que sobreviven a ella.
🚴 En el deporte
En el deporte esto es clarísimo, hay días donde vuelas, y días donde parece que has olvidado cómo correr, pedalear o respirar.
Pero cualquiera que lleve años entrenando sabe algo:
👉 el progreso real nunca es lineal.
Y menos mal, porque precisamente en las crisis, los bloqueos y las “pájaras” es en donde más aprendemos, maduramos y nos volvemos más fuertes 💪 . Y si no te lo crees pregúntale a Nadal 😉
La clave no es evitar la volatilidad, es conseguir que, a pesar de ella, tu tendencia siga creciendo.

🌱 En la vida
Aquí quizá el problema no sea la volatilidad, quizá sea nuestra expectativa absurda de estabilidad permanente. La vida real es subir, bajar romperte, recomponerte y decepcionarte para volver a ilusionarte pasando página o cambiando de libro 😉
Y aqui es donde quiero compartir contigo una frase de Ernest Hemingway que el otro día escuché:
El mundo nos rompe a todos, y después, muchos son fuertes en los lugares rotos
Toda una declaración de cómo las pérdidas y heridas emocionales nos vuelven más fuertes, para seguir viviendo con toda la intensidad posible.
🏋️ Entrenamiento Entrena10
Hoy te propongo algo sencillo:
Piensa en un momento malo que hayas vivido hace años, y pregúntate:
- ¿Qué aprendiste?
- ¿Qué cambió en ti?
- ¿Qué habría pasado si hubieses abandonado ahí?
Y tú, ¿cuando vas a empezar a “invertir” en tu vida?
Mientras te lo piensas, te regalo esta canción 🎶 ❤️






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