La mañana del 16 de octubre me pasó algo que todavía me hace reír. Te cuento…
Quise escribir un post especial para el 18 cumpleaños de Iria, una gran amiga de mi hija Martina, y casi parte de nuestra familia. Como hago siempre, al final del texto quería regalarle una canción. Así que me fui al cuarto de Martina —todavía medio dormida— y le pregunté:
—Marti, Marti, ¿cuál es la canción favorita de Iria?
Ella me contestó medio entre sueños:
—Ufff… Iria me va a matar… no me acuerdo… pero cualquiera de Miranda.
Perfecto, pensé. Me fui a YouTube, busqué Miranda y apareció una canción que me pareció muy de su estilo. La escuché y dije: “ésta es”. La publiqué.
Horas después, Martina empezó a reírse sin parar:
—Papá… ¡esa canción no es de Miranda… es de Tini! ¡Miranda era el título! 🙅🏻♂️Error total. Pero de esos errores con encanto.
Durante unos segundos pensé en rehacer el post y corregirlo. Luego me dije: “no, esto tiene más gracia así”. Era un error virtuoso. Uno de esos que provocan una sonrisa, un recuerdo y una historia que se queda grabada.
Gracias a ese fallo, Iria nunca olvidará la canción que “le regalé” por su 18 cumpleaños (aunque no fuera la suya).
Cometer errores nos hace humanos. Reírnos de ellos, un poco mejores.” — Entrena10

Y lo cierto es que en la vida cometemos muchos errores así. A veces decimos lo que no era. Nos adelantamos. Interpretamos mal.Elegimos una opción equivocada en el trabajo. O confundimos una señal en una relación.
Y sin embargo, de muchos de esos errores nace algo bueno: una risa, una conexión, una historia diferente o incluso un cambio de rumbo inesperado.
Yo lo llamo “error virtuoso”
Un error virtuoso ocurre cuando lo imperfecto genera un efecto positivo.
Cuando te recuerdas que la vida no es un examen, sino un juego con margen para equivocarte y aprender riendo.
A fin de cuentas, muchos de nuestros mejores recuerdos tienen una pequeña torpeza detrás.
Como el nombre con el que tengo grabada a Lola, mi mujer, en el móvil desde la noche en que nos conocimos. Un error que cometí al escribir su nombre… y que 22 años después sigue ahí, igual. Cada vez que suena el teléfono y veo ese nombre mal escrito, sonrío. Porque me recuerda exactamente cómo empezó todo.
💬 Y tú, ¿qué error te ha hecho sonreír al recordarlo? Tal vez ahí, sin darte cuenta, también haya un poco de virtud.
Mientras te lo piensas, te regalo esta canción 🎶 ❤️






Jajaja, pues mira, a mí ese mismo día alguien escribió un post para una amiga de su hija que cumplía 18 años. A primera hora vi que lo había colgado en su estado de WhatsApp, leí las primeras líneas y asumí que era el cumpleaños de su hija, y pensé que era una bonita forma de regalo. No seguí leyendo por las prisas; simplemente le escribí un mensaje de texto diciéndole: «Felicidades a Iría y a los padres».
Al llegar la noche o al día siguiente, pude percatarme de mi error. Pensé por un momento en decirte que me había liado, pero pensé: al fin y al cabo, aunque no la conozca, felicitar a alguien es bonito, y si es seguidora de Entrena10, tenemos una especie de vínculo emocional que nos une.
Así que también decidí dejar allí mi error 404. ¡Qué alegría volver a tener nuestras buenas lecturas en la red otra vez, Alejandro!
Jajaja, me has sacado una sonrisa con tu historia. Al final, esos “errores 404” son los que más nos recuerdan que detrás de las pantallas hay personas de verdad, con cariño y espontaneidad.
De corazón, gracias por tu cercanía y por estar siempre pendiente de Entrena10. De verdad que se nota, y se agradece muchísimo. Da gusto saber que al otro lado hay gente que siente el proyecto como algo suyo también. ¡Un placer volver a coincidir por aquí!
Mister, yo soy muy mala con los nombres. En cualquier idioma. Malísima.
Podría contar mil errores 404 (capicúa 😜) con eso, pero voy a contar el más reciente.
Hace un par de años, cuando estaba a punto de meterme en la piscina del pabellón un chico se me acerca y me dice “Yo te conozco, tú corres”. Y ahí empezó una pseudo amistad con “Paco”. Me dio consejos para la maratón. Nos saludamos cuando nos cruzamos corriendo. Nos preguntamos por nuestros retos deportivos… y así varios años “Paco ¿qué tal?”, “Paco ¿cuándo es tu próxima carrera?”, “Paco hace tiempo que no te veo en la piscina”…
Hasta la media maratón de Algeciras del pasado 4 de octubre. Me encontré con Paco en la meta y me dijo que había llegado tercero en su categoría. “Ah, pues no te preocupes que yo te hago fotos y te las mando. Dame tu número”. Y mientras guardaba su contacto me fijo que en el dorsal pone David. “¿Pero tú te llamas Paco? ¿Y por qué nunca me has corregido? Llevo años llamándote así…”
“Porque me daba cosa corregirte”, fue su respuesta.
¿Puedes creértelo? Al final le dije que la culpa la tenía él por tener cara de Paco 😂😂😂😂😂
En fin, desde entonces le llamo por su verdadero nombre. Se lo debo 😂😂😂😂
¡Felices errores 404!
Jajajaja 😄 qué maravilla de anécdota, África.
Gracias por compartirla, de verdad. Tiene ese punto entre tierna y desternillante que solo pasa cuando la vida te da una colleja con humor.
Lo mejor es que “Paco/David” ni se molestó, simplemente dejó que el universo siguiera su curso mientras tú construías una amistad con una identidad paralela 😂. Y oye, eso también dice mucho de ti: de la conexión que generas más allá del nombre.
Me quedo con tu cierre —“¡Felices errores 404!”— porque ojalá todos nuestros errores fueran así: humanos, simpáticos y con historia.
Gracias por arrancarme una sonrisa hoy 😊