Volvía de Croacia después de una semana dándolo todo en la carrera de MTB 4 Islands. Cansado, sucio, con el cuerpo hecho polvo y con una única misión: llegar a casa y tirarme en la cama. Pero la vida, que siempre tiene planes alternativos, decidió que todavía no había terminado conmigo.
Al aterrizar en Barcelona, un incendio en las vías del AVE dejó los trenes fuera de servicio. Me quedé literalmente tirado en la estación, sin opciones claras y con pocas ganas de buscar soluciones. Y entonces, una amiga me escribió.
— ¿Dónde estás?
— En la estación del AVE en Barcelona, tirado y agotado.
— Tranquilo, ya me ocupo yo.
Sin que se lo pidiera, movió Roma con Santiago para encontrarme una solución. Llamó, buscó alternativas, se preocupó más que yo mismo. Y lo hizo sin esperar nada a cambio. Sin una transacción implícita. Sin agenda oculta. Solo porque sí.
Y ahí entendí lo que Arthur Brooks, catedrático de Harvard, explica sobre la felicidad:
Los amigos más valiosos no son los que te aportan cosas materiales o estratégicas, sino los que están ahí cuando más los necesitas, sin que tengas que pedírselo.
Una sociedad a toda velocidad (y sin café con amigos)
Vivimos en una época donde todo va rápido. Las relaciones se han vuelto transaccionales, porque la sociedad en la que vivimos nos empuja a ello.
✔️ “Este amigo me ayuda en el trabajo.”
✔️ “Este me conecta con gente interesante.”
✔️ “Este me consigue oportunidades.”
Y no es que esto esté mal, pero hemos olvidado el valor de la amistad sin propósito, de la compañía sin utilidad, de la charla sin agenda.

Las redes sociales han amplificado este problema, no porque sean las culpables, sino porque han agravado la tendencia de una sociedad que ya de por sí vive con el piloto automático puesto. En lugar de compartir momentos, compartimos publicaciones. En lugar de un café sin prisa, un like rápido. Y en lugar de amigos de verdad, tenemos contactos útiles.
La felicidad no está en cuántos seguidores tienes, sino en cuántos amigos moverían cielo y tierra por ti sin que tengas que pedirlo.
Cómo entrenar tener amigos inútiles
Si quieres una vida más plena, necesitas más de estos amigos. Y como todo en la vida, se entrena:
🏋️♂️ Deja de buscar utilidad en cada relación. No todo tiene que servir para algo.
🏋️♂️ Recupera el hábito de compartir tiempo sin expectativas. Un café sin prisa vale más que mil mensajes en WhatsApp.
🏋️♂️ Menos networking, más conexión real. No todas las relaciones deben ser estratégicas.
🏋️♂️ Rodéate de gente que te haga reír, no solo de gente que te haga avanzar.
Los amigos inútiles no te cierran negocios, pero te cierran heridas. No te dan contactos, pero te dan hogar. No te resuelven la vida, pero hacen que la vida valga la pena.
📌 Y tú, ¿cuántos amigos inútiles tienes? Mientras te lo piensas, te regalo esta canción 🎶 ♥️






Amigos amigos, esos que se cuentan con los dedos de las manos. 🤗
Pocos son, pero los que son, son mucho.
Abrazo, AMIGO. 🤗
Mister, entonces tú eres un “amigo inútil”, porque me entrenas sin pedir nada a cambio. Ni siquiera me conoces. La verdad es que no lo había pensado hasta ahora… 🤔
Querida amiga África,
Estoy de acuerdo en que soy un amigo inútil para ti. Pero no estoy de acuerdo en que no te conozco. Te conozco mucho aunque no en persona 🤗😉
Besos 😘
Que belleza de texto y que cierre más bonito. Afortunadamente veo que saliste airoso de la situación gracias a gente que te quiere como te mereces. Espero que como mínimo disfrutaras por Croacia!
Muchas gracias ☺️
Croacia fue una maravilla. Nunca había visto, montado en la bici, tantas piedras juntas 😅🤣
Y no tengo más que palabras de agradecimiento a todas las personas que forman parte de mi círculo central de relación
Abrazo 🤗