Pepe iba en bici 🚴♂️. Una mañana 🌅 cualquiera. De esas limpias. Silencio. Aire fresco. Cuerpo a punto. Cabeza ligera. Todo bajo control. La ruta, el ritmo, el mundo. O eso creía… hasta que llegó la curva. Y con ella, el susto. Grava, un gesto tarde y… al suelo. Seco. Rápido. Sucio. Y con el corazón galopando en medio del asfalto, lo único que le salió fue:
👉 “¿¡Qué coño ha pasado!?”
⚡ Pepe no solo se cayó. Se despertó.
En ese instante, sin quererlo, entrenó algo que no viene en las métricas de Strava: CONCIENCIA.
Porque la conciencia no aparece en los días fáciles. No se activa cuando todo va bien. Se activa cuando la vida te frena en seco y te sacude hasta dejarte mirando al cielo.
👉 ¿Dónde estás? ¿Qué haces con tu tiempo? ¿Estás viviendo… o simplemente ocupándote?
😮 La conciencia es eso que se te olvida entre emails, prisas y reuniones que podrían haber sido un audio. Es eso que se va cuando vives en automático. Y lo que vuelve con los sustos. Con los “clicks”. Con ese “¿qué coño ha pasado?” que no es solo una frase, es una alarma existencial.
💭 En medio del polvo, Pepe recordó algo que le había dicho un compañero de trabajo. Uno de esos sabios que no tienen LinkedIn, pero sí mirada profunda:
👉 “Para morirse solo hay que estar vivo. No te digo más.”
Y no, no hace falta más…
Y entonces viene el mecanismo automático: buscar un culpable. ¿La curva? ¿La bici? ¿El Ayuntamiento? ¿El algoritmo? Pero no. Lo de Pepe no tenía culpa. Tenía nombre.
👉 Caso fortuito.
Ese concepto jurídico que suena a juzgado, pero que es pura vida: “hecho imprevisible e inevitable que excluye la culpa.”
O como decía la abuela de un amigo mientras colocaba con cuidado las figuras de Sargadelos en el aparador:
👉 “Solo rompe algo el que limpia.”
Y entonces, justo después del susto… aparece el miedo. Pero no el que grita. No el que paraliza.
El otro. El disfrazado de prudencia. El que te dice bajito, pero insistente:
👉 “¿Y si ya no te subes más? ¿Para qué arriesgar?”
Ese miedo que parece sensato, pero si te descuidas… te apaga.
Y ahí es cuando entra ella. Pepa, la mujer de Pepe.
Con su botiquín en la mano, su mirada afilada y una frase que no venía de un máster, pero que debería estar en todos los libros de liderazgo:
👉 “¿Tú vas a dejar de vivir la vida que te gusta por un susto?”
Zasca emocional, con amor, con bisturí, con verdad.
Pepe no volvió a salir al día siguiente. Volvió cuando pudo. Cuando el cuerpo se lo permitió. Cuando el miedo bajó el volumen. Cuando las magulladuras empezaron a doler menos que las ganas de volver.
Y entonces sí: Salió con respeto, con casco, y con CONCIENCIA. La buena, la que no evita el riesgo, pero le da sentido. La que te dice: esto es lo que importa.
🎯 Porque entrenar conciencia no es repetir mantras. Es caerte, asustarte… y decidir volver. No igual. No como si nada. Volver más despierto. Más agradecido. Más tú.
Y tú, ¿con qué grado de conciencia estás pedaleando por la vida?
Mientras te lo piensas, te regalo esta canción 🎶 ♥️






La verdad, es que la vida te va poniendo en su sitio, esto es algo que siempre he escuchado y es una verdad como un templo, siempre crees que eres omnipotente y de repente zasca!!!
A partir de aquí uno toma CONCIENCIA de las cosas y vuelve afrontando los nuevos desafíos de otra manera
Como me suena Mister! A punto volver y poniendo toda la conciencia! Por la cuenta que me trae! La alternativa no es una opción que me haga feliz! 😜
¡Lucía, qué alegría leerte así, tan tú! 🙌
Me encanta ese tono:
“¡La alternativa no es una opción que me haga feliz!”
Eso suena a que estás volviendo con una mezcla perfecta de conciencia… y determinación con sonrisa puesta 😏
Y sí, a veces no es cuestión de motivación, sino de saber lo que te pasa cuando te desconectas. Y no querer volver ahí. Porque, como bien dices, por la cuenta que te trae.
¡Qué bueno lo que dices! 💥
Esa frase de “zasca” me ha resonado mucho, porque todos hemos tenido ese momento en el que la vida te da un toque en seco y te dice: “baja dos marchas, que no eras invencible”. Y es justo ahí, en ese punto de quiebre, donde empieza lo bueno: la conciencia de verdad, no la teórica.
👉 Porque una cosa es entender las cosas…
👉 Y otra muy distinta es vivirlas en carne propia y que se te reordenen las prioridades desde dentro.
Volver con otra mirada no significa rendirse, sino subir de nivel: más humildad, más enfoque, menos ego y más propósito. Ya no se trata de demostrar nada, sino de sostener lo importante sin perderte en el ruido.
Gracias por compartirlo con esa honestidad tan cruda y tan necesaria.
Este texto si que resuena a sabiduría consciente, podría resaltar muchas frases pero me encanta la del sabio sin LinkedIn, cuántos de ellos hay por el mundo que no necesitan ningún like y que son plenamente conscientes que casi nada es tan importante. En mi caso una de las prácticas de consciencia mayor creo que es trabajar para dejar de esclavo de mis pensamientos. Gracias por el regalo en forma de texto Alejandro.
* para dejar de ser esclavo
Gracias a ti por leerlo con esa profundidad 🙏
Lo que dices es potente: dejar de ser esclavo de los propios pensamientos es, para mí, uno de los mayores actos de libertad. Y cuesta… porque la mente no siempre juega a nuestro favor.
Y sí, ojalá nunca perdamos de vista a esos sabios sin LinkedIn, sin ruido, pero llenos de verdad.
Me alegra mucho que el texto te haya llegado así.
¡Abrazo grande y a seguir entrenando esa consciencia! 💫
Los ciclistas se caen, los runners nos hacemos esguinces.
Sólo hay dos tipos de deportistas: los que se han lesionado y los que se van a lesionar. Y casi todos los que pasamos de 18 años pertenecemos al primer grupo 😉
Como me dijeron una vez «el pecado no está en sentir, sino en consentir».
Sentir miedo no sólo es inevitable, sino necesario. Consentir que el miedo te paralice es lo que no hay que evitar. En el deporte y en la vida.
Gracias míster por el post. En éste me han gustado especialmente los comentarios…
Gracias, África 🙏
Me quedo con esa frase brutal: “el pecado no está en sentir, sino en consentir”. Qué importante entender que el miedo no es el enemigo… el problema es rendirse ante él.
Y sí, tienes toda la razón: en el deporte, las lesiones no son un “por si acaso”, son un “cuándo”. Pero también es verdad que cada vez que nos levantamos, nos volvemos un poco más sabios… o al menos, más tercos 😉
Me alegra que te haya gustado el post, pero más aún que hayas leído los comentarios: ahí es donde el texto se convierte en conversación.
Un abrazo fuerte y gracias de nuevo por sumar tanto 💪🚴♂️🏃♀️