Desde siempre he querido tener muy claros una serie de conceptos que no siempre he sido capaz de diferenciar en la práctica. Cuando tengo una relación estrecha de confianza con un amigo, familiar, pareja o compañero y éste me falla, se desencadena en lo más profundo de mi ser una serie de consecuencias en forma de decepción, dolor, ira y tristeza, que provoca que yo entre en una espiral negativa que con el tiempo llega a causarme un daño todavía mayor que el que me causó el agravio.
Yo comparo una traición o una decepción de un compañero de vida con el fallecimiento inesperado de un ser querido. Requiere un proceso de duelo en el que debo transitar por cada una de las etapas, pero sin quedarme enganchado en ninguna de ellas.

Para mí lo difícil llega cuando desaparece el miedo, y entro en la fase de ENOJO. Yo, aunque estoy muy trabajado, soy de natural una persona bastante temperamental, y tiendo a aferrarme al cabreo, y éste me lleva a navegar por los oscuros deseos de VENGANZA que descansan sobre el RENCOR. Es curioso, porque racionalmente sé que no es bueno, pero emocionalmente tengo la sensación de que cuanto más intensos son mis deseos de venganza, mayor sentimiento de justicia tengo, y menor sentimiento de agravio tendré. Sin embargo esto no es así, como decía Malachy Mccourt, “Guardar resentimiento es como tomar veneno y esperar a que la otra persona muera.”

Tengo muy comprobado que para pasar del enojo a la ACEPTACIÓN hace falta trabajar mucho y poner en la receta una buena dosis de empatía, humildad y amor. Porque el paso que considero más difícil, y que es el que me permite saltar de la resignación a la ACEPTACIÓN, es imposible darlo si antes no he entrenado el PERDÓN.
¿Y qué es perdonar?
Yo personalmente soy capaz de sentirlo, pero no sé explicarlo con palabras. Por este motivo, voy a recurrir a las enseñanzas de mi querido Mario Alonso Puig para explicártelo:
“Perdonar no es sinónimo de olvidar. Olvidar implica borrar un registro en la memoria. No se puede coger una goma de borrar, buscar un registro en el hipocampo o en la corteza cerebral y eliminarlo. Por eso, es antinatural pedir olvidar a otros o a nosotros mismos.
Lo que sí se puede conseguir es que ese registro no tenga un peso mayor de lo que le corresponde. De lo contrario, la vida puede quedar esclavizada por ese recuerdo.
El perdón reduce, o incluso anula, el peso negativo de las malas experiencias de la vida. Puedo perdonar a una persona y no querer volver a verla nunca más. Pensaré: “Aquello ocurrió. Te perdono, no siento ira contra ti, no tengo ningún deseo de venganza pero tus valores y los míos no son compatibles, no tengo por qué vivir contigo”.
Olvidar no es necesariamente bueno. Hay que recordar y, aún así, perdonar. El perdón libera mucho más al que perdona que al perdonado. El perdón ayuda a construir un futuro que no sea una simple prolongación del pasado.

Yo todavía tengo mucho que mejorar en esto del PERDÓN. Pero sé que si sigo mejorando en la técnica (entendimiento de los conceptos) y continúo practicando, acabaré adquiriendo soltura. Así que me pongo como objetivo ENTRENAR EL PERDÓN.
Hoy no voy a regalarte una canción, sino un vídeo de agradecimiento a Alejandro Valverde, por todas las emociones que nos ha regalado a lo largo de su carrera. BALA, te deseo una nueva etapa vital muy feliz.






Quizás lo más complicado sea perdonar el resentimiento con uno mismo, lo que llamamos culpa. No hay nada que atormente más que llevar dentro la expectativa y el juicio. Gracias por provocar la reflexión socio.
Espinoso asunto , pero nos haces tomarlo en consideración. Ha merecido la pena la lectura. Cándido.
Gracias Cándido.
Lo que plasmo en el Post no es mi experiencia. Yo no estoy tan avanzado en el perdón. Pero si le veo todo el sentido al efecto sanador y liberador del perdón
Un abrazo