Decir la verdad

Decir la verdad

17 mayo 2020 17 Por Fernando

No tengo ni idea de cómo voy a acabar este artículo. No lo sé. Quizás te extrañe leer las palabras “no lo sé” en estos días que además del virus, estamos rodeados de gente que suele saber y proferir categóricas opiniones a la altura de virólogos, politólogos y economistas.  

Como os contaba en Acercar las distancias, uno de los libros que he estudiado durante el confinamiento ha sido “The Great Influenza” de John M. Barry sobre las circunstancias científicas, sanitarias, socioculturales, y geopolíticas que rodearon a la pandemia de gripe española de 1918. Me ha llevado más de 40 días su lectura y maduración.

Confieso mi sesgo de inmediatez. Alejandro sabe bien que todo lo que me cuenta tiene justo que ver con el libro que me esté leyendo en ese momento. Pero ayer, más allá de este sesgo, me pareció curioso recibir por distintas vías el siguiente meme:

El meme original, en inglés, fue publicado en redes sociales hace más de tres semanas por usuarios estadounidenses contrarios al desconfinamiento de los primeros estados del pais. La duda metódica de Descartes nos dice que, si queremos investigar la verdad, necesitamos poner todo en duda cuanto antes. En este caso la fotografía es la pieza más cercana a lo que puede ser “la verdad”. Si me fijo un poco veré que no parece una manifestación, más bien un desfile por la distribución de personas y vehículos. Si no hubiera estado en búsqueda de verdades durante 40 días, se me habría pasado que la foto corresponde al desfile que organizó la ciudad de Philadelphia el 28 de septiembre de 1918 para promocionar la venta de bonos que financiaban la participación americana en la I Guerra Mundial. En Philadelphia no hubo tales medidas de confinamiento previo a esta concentración. Tuvo más de 5000 muertos en una semana y 10000 en un mes, pero no por el motivo enunciado. No se puede repetir una historia que no ocurrió.

No vemos la realidad como es sino como somos

En todo caso, no podemos atribuir intencionalidad a quien lo comparte, no sabemos al quien lo creó, a lo mejor tampoco. ¿Cuánta gente llegó a reenviar la imagen como verídica y moralizadora? Compartimos cantidades inimaginables de información en el día sin que importe mucho si es verdad o no. El principal filtro que aplicamos es que la información confirme lo que pensamos. No vemos la realidad como es sino como somos.

Un meme es un neologismo, una palabra de nueva creación, aunque no tan nueva como pensamos. Aparece por primera vez en el libro “El gen egoísta” de Richard Dawkins en 1976. Es una “…unidad mínima de información cultural que es transmitida de sujeto a sujeto y de generación en generación, bien por enseñanza, imitación o asimilación. De este modo, los memes son a la cultura lo que los genes son a la biología”.

De la misma manera que los genes transmiten información genética de generación a generación, los memes perpetúan información cultural entre personas y generaciones. Así, siguiendo postulados de la evolución natural de Charles Darwin, un meme se transmite en el tiempo siempre que sea útil o bello para la especie.  

No es el chiste, o el dato concreto, o la expresión los que permanecen en la psyche social sino el mensaje sociocultural, político o el aprendizaje que lleva implícito. Seguro que están pasando por ti cientos de memes, algunos incluso consiguen contagiarte y los transmites. Cuando un meme pasa por nosotros tenemos la responsabilidad de elegir si esa información merece o no perpetuarse. Por si te vale te ofrezco tres palabras mágicas para vacunarte frente al riesgo de “decir la verdad”:

  • “La culpa es del gobierno que no hace lo que tiene que hacer” De acuerdo, la pregunta es, ¿cómo lo sabes?.
  • “La culpa es de la oposición que no colabora”. Aha… y esto, ¿cómo lo sabes?
  • “La culpa es de la gente, que no respeta las medidas de confinamiento” Esto también puede ser, pero ¿cómo lo sabes?

El cerebro está concebido en primera instancia para sobrevivir, no para decirnos la verdad.

No me digas que lo sabes porque lo has visto en la tele. O en redes sociales. Imagina cómo sería el mundo si todo el mundo pensara como tú. Espera, no hace falta. Ese mundo ya existe. Te lo pasan todos los días por delante sin necesidad de que hagas nada. Está en tu canal de televisión favorito o el contenido que te muestra tu red social. Esa red social que te enseña con mayor probabilidad los contenidos que saben que te van a gustar, aquellos que circula la gente que tiene tus mismos ideales, valores y gustos. Aunque sepas esto que digo, aunque puedas llegar a estar de acuerdo, probablemente vas a seguir consultando estas fuentes. Porque cuestionar aquello que creemos, que hemos creído durante años, es ponernos en cuestión a nosotros mismos. Lo que somos. Nuestro sesgo de confirmación. Un mecanismo de supervivencia que nos mantuvo con vida hasta ahora. ¿Por qué no nos va a seguir valiendo?. El cerebro está concebido en primera instancia para sobrevivir, no para decirnos la verdad.

Si no puedo fiarme prácticamente de nada de lo que me diga mi cabeza o de lo que digan las cabezas de los demás, entonces ¿qué es verdad en nuestra vida?. Para mi lo que es verdad es no poder dormir por las noches. Un nudo en el estómago. Una descamación en la piel. Es verdad un grito a destiempo o una llorera sin motivo aparente. También es verdad que el cuerpo encierra los sentimientos y que nuestros sentimientos siempre nos anuncian necesidades. Y es verdad que todos tenemos la necesidad de sentirnos seguros, de poder elegir, de aprender y crecer, de conectarnos y contribuir a los demás y de ser reconocido o relevante para el resto. Todo ello es verdad. Y lo poco de verdad que me puede aportar mi cerebro es hacerme consciente de que desconozco muchas cosas más de las que conozco. Umberto Eco tenía una antibiblioteca con miles de libros que nunca había leído, con el fin de recordarse que había mucho más conocimiento por adquirir del que ya atesoraba. Pues eso.

El entrenamiento propuesto para hoy es sencillo, pero puede que no lo consigas:

  • No enciendas la tele, ni leas prensa, ni consultes las redes sociales. Es sólo un día, si hay algo importantísimo que debas saber, seguro que alguien te lo cuenta.
  • Revisa qué te dice tu cuerpo, tu estómago, el sueño, tu piel. ¿Hay algo a lo que prestar atención?.
  • Elige una idea que tu sabes que es verdad y pregúntate ¿y si esto también fuera mentira? ¿Qué pasaría?
  • Demuestra que puedo equivocarme completando los tres puntos previos. 

“La primera víctima cuando llega la guerra es la verdad”

Senador Hiram Johnson, 1917

Nada, ninguna pieza de información, ningún meme carece de significado. El principal riesgo de haber calificado al SARS-CoV2 de enemigo y haberle declarado la guerra es presuponerle inocencia a la metáfora. Volviendo a tirar de sesgo de inmediatez, el senador estadounidense Hiram Johnson dijo en 1917 “La primera víctima cuando llega la guerra es la verdad”. Darle tintes de guerra a la situación ha abierto la veda a secuestrar la verdad por parte de todos. Esto no es una guerra, es una catástrofe, no es lo mismo. Atribuir intencionalidad a un virus es tener menos cerebro que ello. O tener más de la cuenta. Por lo menos el suficiente para conocer a las personas mejor de lo que nos conocemos nosotros mismos.

Si estás de acuerdo con lo que acabas de leer, te pido que lo pongas en cuarentena. Podría estar errado. Con alta probabilidad lo esté. Si no estás de acuerdo y piensas que todo esto es una bobada, puede que estés en lo cierto. No tengo ninguna intención de tener razón. Ya lo anticipé, ni siquiera sabía cómo iba a acabar este artículo.

Para decir la verdad primero hay que pasar mucho tiempo buscándola. Y en su búsqueda, puede que nos encontremos a nosotros mismos. No aspiro a decir la verdad, como mucho a no decir mentiras por el camino. Mientras tanto la biblioteca de Umberto Eco, sigue abierta para todos.

Os dejo con el Resistiré versión COVID-19. Pero no el del Dúo Dinámico (hasta esto nos lo han organizado, piénsalo). Escuchad con detenimiento la letra del tema de Barón Rojo, un mensaje escrito en 1980, de máxima actualidad en 2020.

¡Aunque siempre vigiléis y mis datos proceséis, no es tan fácil hacerme callar!

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