ENTRENA VIVIR

ENTRENA VIVIR

11 abril 2020 3 Por Carlos Barrio

Desaprender para aprender. Nos quejamos de que no nos enseñan en las escuelas a entender una nómina, a hacer la declaración de la renta, a montar una empresa, y tantas cosas por las que sí o sí pasaremos en la edad adulta. Pero… ¿Y a vivir? ¿Alguien nos enseña a vivir? ¿En algún sitio puedes apuntarte a la extraescolar de “vivir”? ¿Sabemos hacerlo? Y si la respuesta es afirmativa… ¿Sabemos hacerlo bien?

Acabo de ver en Linkedin un post (adjunto link) que he compartido, de Maje Gil Carrión, socia de JPY CONSULTORES MEDICOS Y PSICOLOGICOS SL en el que plantea las siguientes preguntas:

<<¿Y qué pasa si los niños “pierden” el año escolar?

¿Y si en lugar de aprender matemáticas aprenden a cocinar?

¿A coser su ropa? ¿A limpiar?

¿A cultivar un huerto, una planta?

¿Y si aprenden a cantarle canciones a sus abuelos o a sus hermanos más pequeños?

¿Y si aprenden a cuidar a sus mascotas y a bañarlos?

¿Y si desarrollan su imaginación y pintan un cuadro?

¿Y si aprenden a ser más responsables y estar más conectados con toda la familia en la casa?

¿Y si nosotros los padres les enseñamos a ser buenas personas? ¿Y si nosotros, padres, aprendemos lo mismo?

¿Y si aprenden y saben que estar juntos y sanos es mucho mejor que tener el último móvil de moda?

A lo mejor todo esto falta, y si ellos aprenden, y nosotros también, a lo mejor no perdimos un año, a lo mejor ganamos un tremendo futuro.>>

Esto lleva a una reflexión y es que, lo que aprendemos, lo que entrenamos, y en lo que somos resolutivos, acaba siendo en tareas en mayor o menor medida “profesionales”. O, dicho de otra manera, en tareas por las que recibiremos un salario o una contraprestación económica.

Hace muchos años que, junto con un grupo de actores, improvisadores, monologuistas, productores, acuñamos la siguiente frase. La felicidad no da dinero. Aquellas personas que pueden hacer tareas más propias de vivir que de trabajar -entiéndase la distinción- son aquellas que han conseguido hacer de esas tareas o de esa cotidianidad su profesión. Aun así, todos tenemos que vivir, cada día, 24 horas. Y así 7 veces por semana. Quizá sea el momento de ver el confinamiento como una maldita p… bendita oportunidad para desaprender primero y aprender o enseñar después. En definitiva: para entrenar -tanto nosotros mismos como a nuestros hijos,- a vivir.

Nunca más vamos a tener la oportunidad de tener tanto tiempo para dedicarlo a aprender a vivir, para enseñarlo, para entrenarlo y hacerlo lo mejor posible. El mundo no nos permitía parar. Para algunos esta situación ha permitido estrenar la tarea de vivir. Y no es nada fácil. Aunque nunca es tarde para empezar.

Piensa en todas esas cosas que te han tenido tan ocupado antes de que llegara este parón debido al estado de alarma decretado por el coronavirus; Esas tareas, obligaciones y actividades las podrás hacer durante mucho o poco tiempo, durante muchos o pocos años, pero VIVIR es algo que harás durante toda tu vida. Merece la pena aprenderlo y entrenar para hacerlo lo mejor posible.

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