En este día de San Isidro, mientras llevaba en coche a mi hija Martina y a sus amigas Iria, Carmen y Ari de escapada post-exámenes (¡por fin terminaron segundo de bachillerato!), surgió una frase que activó mis radares:
“Marta y su grupo ya están estudiando para la EBAU. Me estoy empezando a agobiar…”
La frase salió entre risas, playlists compartidas y olor a chuches en el coche… pero tenía carga explosiva. Porque lo que parecía una anécdota se transformó en una mini-bomba de ansiedad. Ahí fue cuando solté mi sermón de padre con alma de entrenador:
“Chicas, ahora toca desconectar. Diversificarse mentalmente. Disfrutar. Solo así podréis rendir al 100% cuando toque.”

Y como soy de los que predican con batallitas, les conté una historia que aún tengo grabada como si fuera ayer.
FLASHBACK: DERECHO PENAL Y COLAPSO NEURONAL
Segundo de carrera. Derecho. Semana de exámenes. Yo, empapado en café y subrayadores, tenía en tres días el tocho de Derecho Penal. Aquello no era un examen, era un Everest jurídico. Me levanté con intención de estudiar a muerte. Pero no entraba nada. Leía los apuntes y era como mirar piedra pómez. Nada se pegaba. Llamé a mi hermano, medio al borde del colapso:
“No sé qué me pasa… no retengo NADA.”
Y él, sabio como siempre, me soltó la receta:
“Estás saturado, bloqueado. Cierra el libro, deja los apuntes. Vete a dar una vuelta, haz deporte, relájate. Hoy no se estudia.”
Casi me da un infarto. ¿Cómo iba a tirar a la basura el 50% del tiempo que me quedaba? Pero le hice caso. Salí. Respiré. Reí. Y al día siguiente… ¡boom! Productividad por las nubes. Lo entendía todo, memorizaba fácil y hasta me sobraba tiempo. Aprobé con nota. Y, más importante, aprendí algo para toda la vida:
El descanso no es tiempo perdido. Es parte del rendimiento.
CUERPO, MENTE Y SATURACIÓN DIGITAL
Este principio no vale solo para los exámenes. Nos pasa en el trabajo: tras una maratón de reuniones, decisiones y fuegos cruzados, sientes que acabas exprimido como un calcetín mojado. Nada entra. Nada sale. Solo ruido.
Nos pasa con el entrenamiento: te obsesionas, metes kilómetros, gimnasio, series… y de repente el cuerpo no responde. Ni mejora. Ni disfruta. Y lo que necesitas no es más esfuerzo. Es menos. Es parar. Es resetear.
Desconectar no es rendirse. Es recargar.

UNA PEQUEÑA GRAN LECCIÓN PARA LOS DÍAS GRANDES
A veces, el camino más eficiente hacia el 100% pasa por un 0% intencionado. Y no, no es fácil. Porque nos educaron con la lógica del “cuanto más, mejor”. Pero la vida, el rendimiento y el bienestar siguen otra regla: Cuanto mejor descansas, mejor compites. Así que, si estás en modo saturación, date permiso. Tómate un café con alguien que te haga reír. Sal a correr sin reloj. Ponte música sin propósito. Haz una tortilla de patatas solo por el gusto de darle la vuelta con arte. Y vuelve mañana. Con las pilas cargadas. Con el foco limpio. Con el alma entera.
Y tú, ¿Cuándo fue la última vez que te diste un descanso sin culpa? Mientras te lo piensas te regalo esta canción que espero te ayude a desconectar 🎶♥️






Viva el descanso y abandono reseteadores, tienes razón, Alejandro. Un abrazo, Cándido
¡Cándido!
Nada como el descanso bien entendido para volver a uno mismo… y si viene con un poco de abandono (del bueno), mejor aún.
Gracias por pasarte. Un abrazo fuerte,