La semana pasada, mi buen amigo Javi, me envió el Discurso del Papa Francisco en la Vigilia con los Jóvenes en las Jornadas Mundiales de la Juventud 2023. En el mensaje que Javi me envió, me señaló las alusiones que el Papa hacía al entrenamiento en la vida, que como ya sabéis es el mantra de Entrena10; “todo se puede entrenar, y todo se puede mejorar”
El día que recibí el mensaje curiosamente me dirigía a hacer una de mis carreras de bicicleta, La Gran Fondo Ancares. Una dura prueba que sin el entrenamiento físico y mental que llevo hecho en 2023, no habría sido capaz de culminar. Por tanto, no fue hasta un día después, cuando tuve el tiempo de calidad necesario para interiorizar el Discurso, del cual me quedo con 3 ideas:
- En la vida hay que caminar con una meta, y si uno se cae, levantarse
- El único momento que es lícito mirar a una persona de arriba abajo es para ayudar a levantarse
- En la vida hay que entrenarse todos los días, porque en la vida, nada es gratis, todo se paga
A continuación te regalo este precioso Discurso:
La alegría no está en la biblioteca, encerrada, aunque hay que estudiar, pero está en otro lado. No está guardada bajo llave, la alegría hay que buscarla, hay que descubrirla. Hay que descubrirla en nuestro diálogo con los demás, donde tenemos que dar esas raíces de alegría que nosotros hemos recibido. Y eso, a veces, cansa. Yo les hago una pregunta: ¿ustedes se cansaron alguna vez? Piensen lo que sucede cuando uno está cansado: no tiene ganas de hacer nada, como decimos en español, uno tira la esponja porque no tiene ganas de seguir y entonces uno se abandona, deja de caminar y cae. ¿Ustedes creen que una persona que cae en la vida, que tiene un fracaso, que incluso comete errores pesados, fuertes, ya está terminada? No. ¿Qué es lo que hay que hacer? Levantarse. Y hay una cosa muy linda que quisiera que hoy se la llevaran como recuerdo: los alpinos, que les gusta subir montañas, tienen un cantito muy lindo que dice así: «En el arte de ascender —la montaña—, lo que importa no es no caer, sino no permanecer caído». ¡Cosa linda!
El que permanece caído se «jubiló» de la vida ya, cerró, cerró la esperanza, clausuró la ilusión y ahí queda caído. Y cuando vemos alguno —amigos nuestros que están caídos—, ¿qué tenemos que hacer? Levantarlo. Fíjense cuando uno tiene que levantar o ayudar a levantar a una persona qué gesto hace: lo mira de arriba hacia abajo. La única oportunidad, el único momento que es lícito mirar a una persona de arriba abajo es para ayudar a levantarse. ¡Cuántas veces vemos gente que nos mira así, por sobre el hombro, de arriba para abajo! Es triste. La única manera en que es lícito, la única situación en que es lícito mirar a una persona de arriba para abajo es —lo digan ustedes— para ayudar a levantarse.
Bueno, esto es un poco el camino, la constancia en caminar. Y en la vida, para lograr las cosas hay que entrenarse en el camino. A veces no tenemos ganas de caminar, no tenemos ganas de hacer esfuerzos, nos copiamos en los exámenes porque no queremos estudiar y no llegamos al éxito. No sé si a algunos les gusta el fútbol. A mí me gusta. Detrás de un gol, ¿qué hay? Mucho entrenamiento. Detrás de un éxito, ¿qué hay? Mucho entrenamiento. Y en la vida, no siempre uno puede hacer lo que quiere, sino aquello que la vocación que tengo dentro —cada uno tiene su vocación— nos lleva a hacer. Caminar; si me caigo, levantarme o que me ayuden a levantarme; no permanecer caído; y entrenarme, entrenarme en el camino. Y todo esto es posible, no porque hagamos cursos sobre el camino —no hay ningún curso para enseñarnos a caminar en la vida—. Eso se aprende, se aprende de los padres, se aprende de los abuelos, se aprende de los amigos, llevándose de la mano mutuamente. En la vida se aprende, y eso es entrenamiento en el camino.
Yo los dejo con esta idea nomás: caminar y, si uno se cae, levantarse; caminar con una meta; entrenarse todos los días en la vida. En la vida, nada es gratis. Todo se paga
– Jorge Mario Bergoglio- (Papa Francisco) JMJ 2023






Sabias palabras del Papa Francisco como nos tiene acostumbrados