ENTRENANDO LA DESCONEXIÓN PARA VOLVER A CONECTAR 🔌

Alejandro

Buscador de aventuras y acompañante de personas.

4 marzo 2023

Cuando tu ordenador, tablet o smartphone se quedan “colgados” y dejan de funcionar, ¿qué haces? Los desconectas para volver a conectarlos. ¿Y sabes por qué esta sencilla acción funciona? Yo no tengo ni idea 🤷‍♂️, pero es la primera solución que me da el informático del trabajo, y generalmente funciona…. 😁. Para no dejar este misterio sin resolver, me he ido a Google a consultar por qué este truco funciona, y lo que me he encontrado es lo siguiente:

El reinicio arregla varios tipos de problemas a la vez:

  • Programas que se quedan en bucle
  • Problemas de uso de memoria
  • Problemas que surgen tras la combinación de circunstancias poco habituales

¡Anda!, a mí esto me suena, y no solo en lo referido a mis dispositivos informáticos… Resulta que entrar en bucle, la memoria traicionera y las circunstancias poco habituales, son situaciones que vivo con más frecuencia de la deseada en mi día a día. Estaría bien tener un 🔌 del que tirar para poder desconectar y provocar un reseteo que me permita empezar de nuevo con total frescura y máxima capacidad, pero en el caso del ser humano, no es tan sencillo como con mi ordenador.

Te voy a contar una historia que hace unos años compartió conmigo mi socio Fernando, y que me enseñó mucho acerca de cómo entrenar mi desconexión:

Ataúlfo, un sexagenario y experimentado carpintero, había tenido un mal día en su trabajo; su cortadora eléctrica se había dañado, haciéndole perder dos horas de trabajo. Después de repararla, un corte de electricidad en el pueblo le hizo perder dos horas más de trabajo. Tratando de recuperar el tiempo, partió dos cuchillas de su cortadora. Ya finalizando la jornada, el pegamento del que disponía no le llegaba para mezclar su fórmula secreta de acabado. 

Después de un día tan irregular, se montó en su camioneta, y de camino a su casa, mientras recorría los hermosos paisajes que le rodeaban, permaneció en silencio meditando. Parecía un poco molesto por los desaires que el día le había jugado. Después de treinta minutos de recorrido llegó a su casa. Mientras se dirigía a la puerta, Ataúlfo se detuvo brevemente frente a un pequeño árbol, de color verde intenso y muy hermoso. Tocó varias ramas con sus manos, mientras admiraba sus preciosas hojas. 

Cuando abrió la puerta, ocurrió una sorprendente transformación. Su bronceada cara estaba plena de sonrisas y alegría. Sus hijos se lanzaron sobre él, dando vueltas en la sala. Le dio un beso a su esposa y se sentó a cenar con su familia. Ya en la mesa, su hijo Pedro, el más pequeño, le preguntó por qué cada día antes de entrar en casa tocaba las ramas y algunas hojas del árbol que había junto a la puerta. Querido Pedro, le respondió su padre, ese es mi árbol de los problemas. Sé que no puedo evitar tener dificultades en mi trabajo, percances y alteraciones en mi estado de ánimo. Pero una cosa si es segura: Esos problemas no pertenecen a mamá y mucho menos a vosotros, mis hijos. Así que simplemente los cuelgo en el “árbol de los problemas” cada noche cuando llego a casa. Luego a primera hora de la mañana los recojo nuevamente, porque tengo que solucionarlos. Lo divertido es, dijo sonriendo Ataúlfo, que cuando salgo por la mañana a recogerlos, no hay tantos como los que recuerdo haber colgado la noche anterior.

Yo planté hace un tiempo un árbol de los problemas en mi oficina. Cuando lo ves a primera vista no tiene apariencia de árbol, pero su utilidad y su misión es exactamente la misma.

Cada día al terminar de trabajar, meto mi ordenador junto con mi estuche y mi libreta en el armario que tengo frente a mi mesa, y ahí dejo todos los problemas del trabajo hasta la mañana siguiente. Y curiosamente, igual que le ocurría a Ataúlfo, a la mañana siguiente los problemas parecen más sencillos que el día anterior, e incluso algunos han desaparecido 😉

Al principio me costaba dejar ahí los problemas. Tenía la creencia de que irme a casa sin solucionar todos los problemas era comportarme como un mal profesional. Pero entrenándolo cada día, con el convencimiento de que un buen profesional tiene que desconectar para volver a conectar, hoy lo he convertido en un hábito que me ayuda a disfrutar de mi familia y amigos una vez que salgo de la oficina.

Te dejo esta preciosa canción de David Summers, que habla de lo reconfortante que es llegar a la noche cada día y disfrutar de lo DEMÁS.

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