Ayer fue la graduación de mi hija Martina. La misma que hace nada subía a mis hombros para ver la cabalgata de Reyes.
La que ayer subía a un escenario vestida con un vestido precioso, elegido después de meses y meses de deshojar margaritas: ¿éste o aquél? ¿Largo o corto? ¿Color claro o más atrevido?
Con ella, iban sus amigas: Iria, Bárbara, Ari y Carmen, con sus risas nerviosas, sus fotos ensayadas y sus miradas cómplices de “esto se acaba… y empieza algo nuevo”.

Durante el acto, me quedé enganchado al discurso de la profesora de Filosofía, que aprovechó su jubilación para dejarnos un legado. Nada de fórmulas vacías. Lo suyo fue un cierre de etapa con hondura, de esos que te remueven.
Nos habló del famoso Carpe Diem, pero con una advertencia poco habitual:
“Cuidado con vivir cada segundo como si fuera el último.”
Sí, suena bien en una taza de desayuno, pero mal entendido puede llevarnos a una vida sin dirección. A decisiones impulsivas, a despreciar el largo plazo, a dejar de construir algo que valga la pena porque todo se reduce al “aquí y ahora”.
¿Y si vives el momento, pero te cargas todo lo que viene después?
El Carpe Diem, nos dijo, sin conciencia de las consecuencias, no es valentía. Es imprudencia.
No confundamos vivir intensamente con vivir sin pensar.
Después, nos dejó algunas perlas:
- “Por pequeño que sea, haz las cosas bien.”
- “Porque si no lo haces bien en lo pequeño, tampoco lo harás en lo grande.”
Y remató con un guiño a Spielberg que a mí me sacó una sonrisa:
“Sed buenos.” (Sí, como decía ET antes de volver a su casa.)

En el cole de Martina hay frases grabadas en los pasillos. No son postureo. Son brújulas:
- “Que el cumplimiento del deber sea el norte de tu vida.”
- “Duc in altum.”: Adéntrate en lo profundo (con valentía)
No vine a esta vida a pasar el rato. Ni a quedarme cómodo. Ni a acumular momentos que se deshacen como el humo.
Vine a dejar huella. A sudar el alma. A construir una historia que no me dé vergüenza contar.
Y si un día, al final de todo, puedo mirar atrás y decir con una sonrisa:
“Ha merecido la pena”… entonces sí, habré vivido.
Lo urgente es vivir. Lo importante, que merezca la pena
Hoy no hay rutina de entrenamiento, pero sí una pregunta importante:
¿En qué medida estás viviendo de forma que un día puedas decir “ha merecido la pena”? ¿O estás dejando que el ahora te robe el después?
🎧 Y como siempre, una canción para acompañar la reflexión:






Que chulooo, me ha encantado Alejandro!!
Gracias Bárbara y enhorabuena 🫶
Cuidaros mucho como amigas ♥️
Me hago eco de la última frase de la profe de filosofía porque para ser fundamentalmente feliz hay que ser primero y ante todo fundamentalmente bueno…
😘😊❤️
Enhorabuena Martina. Ahora empieza una de las épocas más bonitas de la vida y donde sin duda encontrarás las mejores y más duraderas amistades. ¡Disfrútala!
Muchísimas gracias África por tus palabras y por ese guiño final tan lleno de verdad. Ojalá Martina recuerde siempre que la bondad es la brújula que da sentido a todo lo demás. ¡Qué bonito pensar que ahora empieza a construir su propio camino rodeada de nuevas amistades, experiencias y decisiones que la irán moldeando! Te mando un abrazo enorme y gracias de corazón por acompañarnos en este momento tan especial 😊❤️
Enhorabuena queridos Alejandro y Lola. A vivir la vida, SI!
Un abrazo
Muchas gracias Jesús
Un fuerte abrazo
Enhorabuena a Martina! Y a vosotros, los padres, Alejandro. Qué orgullo.
Que siga adelante con fuerza y tesón.
Un abrazo,
Cándido
Hola Cándido
Muchas gracias. Muy orgullosos de ver como la educación en valores que les hemos dado a nuestras hijas va dando sus frutos
Un abrazo 🤗