En el post: ENTRENANDO LA MARATÓN QUE YA GANAMOS 🙌 Lucía dejó un comentario que no fue un comentario, fue un espejo. Uno de esos que te obligan a mirarte sin filtros. Escribió:
“Estoy dando un paso importante, a la fuerza quizás, en otro entrenamiento bastante duro para mí, que es entrenar situaciones en las que no voy a estar al 100%. Falta de tiempo, falta de información, falta de… pero muchas veces tenemos una situación a manejar para la que no estamos al 100% sino al 70 u 80. En este caso creo que voy al 75% y con eso lidiaremos.”
Y ahí se me encendió todo. Porque esa frase no habla de correr, habla de vivir, de sostenerse incluso cuando vas corto de fuerzas, de cabeza, de calma y de fe en ti mismo.
Lucía, sin querer, escribió la biografía emocional de medio planeta.

La vida real no se juega al 100%.
El 100% es un unicornio 🦄 , una fantasía. Un “cuando tenga tiempo”, “cuando me organice”, “cuando esté mejor”, “cuando se calme todo”.
Spoiler: “TODO” nunca se calma. La vida de verdad es ésta:
- Te levantas con un 72%.
- La mañana te baja a un 61%
- …Y por la tarde remontas a un 75% milagroso gracias a un café y un acto de fe.
El 75% es el que sostiene familias, trabajos, proyectos, amistades, maratones y vidas enteras.
Por eso la frase de Lucía duele… y despierta.
En las relaciones: el amor al 75% es el amor de verdad
Nadie llega a casa cada día con el 100% de paciencia, humor, ganas de escuchar y serenidad.
El amor adulto vive de:
- Tu 68% después de un día infernal
- Tu 73% cuando tienes mil cosas en la cabeza
- Tu 52% cuando solo quieres silencio
- Tu 80% los días buenos que parecen milagros
Y aun así te sientas, miras, escuchas, preguntas, acompañas.
El amor al 100% es Disney. El amor al 75% es vida.
Y ese, aunque duela, es el que construye.
En el trabajo: el 75% es el músculo invisible
El 100% en el trabajo existe solo en los powerpoints. En la vida real:
- No tienes toda la información
- No tienes todo el tiempo
- No tienes toda la energía
- No tienes todas las certezas
Y aun así entregas, decides, sostienes y sobre todo, Lideras.
El 75% es donde se diferencia la gente que está porque toca, de la gente que está porque importa.
Entrenar al 75% es entrenar el alma, es aprender a pelear con lo que tienes. A no esperar el día perfecto para hacer lo importante. A no esconderte detrás del “no estoy bien del todo”.

Y ahora sí, el final que endurece y abraza a la vez
Lucía terminó la maratón el domingo. La terminó sin épica hollywoodiense. La terminó sin alas. La terminó sin un 100% que nunca llegó. La terminó como se acaban las cosas importantes en la vida:
- Con dolor
- Con lucha mental
- Con un 75% peleón, y con el corazón tirando del resto.
Porque así es la vida: al 75% duele, pesa, desgasta…pero te empuja hacia delante. Y con esos mimbres —los reales, los imperfectos, los que tienes hoy—es como se hace TODO lo que merece la pena.
Y tú, ¿hasta cuándo vas a esperar a que la vida esté al 100%?
Mientras te lo piensas, te regalo esta canción 🎶 ❤️






Wow, nuestro querido protagonista de Entrena10 además de compartir maravillosos post de muy recomendables entrenamientos, es un estupendo donante de 25%s. De eso va todo esto y así hizo también África con Eugenia. ¡Gracias Alejandro!. Los últimos 10km fueron un infierno, pero ya en ese punto no puedes rendirte y conseguí hacerlo gracias a tu generosidad. De ahí la carita con la que entré. Aseguro que, tras un breve llanto (no podía faltar), la cambié por una amplia sonrisa de felicidad.
Enhorabuena por ese gran logro, muestra vuestra capacidad para asumir retos, preparse concienzudamente y durante mucho tiempo, con muchas dificultades, dudas, sinsabores, pero con esa tenacidad que os ha hecho cumplir un sueño (y eso utilizando solamente el 75%). Felicidades a todo el equipo
Querida Luci,
Lo tuyo no fue solo correr una maratón: fue dar una lección magistral de coraje en directo.
Y sí, si yo aporté un 25%, tú pusiste el 75% más valioso: el que se construye con dolor, con dudas, con lucha mental y con ese corazón tuyo que empuja incluso cuando las piernas ya no pueden más.
Los últimos 10 km fueron un infierno… y aun así entraste.
Con la cara que entra la gente que ha peleado de verdad: mezcla de sufrimiento, orgullo y “¡que nadie me hable ahora!”.
Normal que después viniera ese llanto. Ese llanto solo se permite a quienes han llegado donde otros hubieran parado.
Y te digo una cosa con toda sinceridad:
África, Eugenia, tú… sois las que dais sentido a estas historias.
Yo solo acompaño.
Vosotras escribís la épica.
Gracias a ti por dejarte acompañar, por pelear cuando ardía todo y por demostrar —una vez más— que el 75% bien llevado mueve montañas.
Y sí, esa sonrisa final…
esa sí que fue maravillosa.
Querido Joaquín,
Gracias por tus palabras, de verdad. Se nota cuando alguien habla desde la cabeza… pero también desde el corazón.
Y tienes razón: lo que han hecho —lo que hemos vivido acompañando este proceso— es una prueba de esa capacidad tan nuestra de prepararnos a conciencia, sostener meses complicados, convivir con dudas y aun así seguir adelante.
La maratón la corrieron ellas, sí, pero el mensaje que dejas tú también late dentro del equipo: entender que los sueños se construyen con constancia, con tropiezos, con días grises… y, efectivamente, tirando de ese famoso 75% que a veces es lo único que tenemos, pero que bien usado mueve montañas.
Gracias por acompañar, por mirar con esa sensibilidad que aporta tanto al proceso y por celebrar el logro como si fuera tuyo.
Esa forma de estar también suma. Y mucho.
Un abrazo grande.
He leído estas ideas como si fueran algo de mi propia cabeza, pero no encajan del todo. Y no podrían, porque eso que llamamos ESFUERZO (que por definición implica una acción que consume energía) se supone que nos hace que las cosas “vayan bien”: que logremos tiempo para esto y para aquello…
Escucha mejor: nos dicen que tenemos que hacer un esfuerzo para alcanzar algo que nos han dicho que debería ser así para sentirmonos bien. ¿Quién lo dice? ¡La sociedad!
A mí me parece más fácil aceptar que vivimos en el caos.
Y esa aceptación es liberadora, para mi. No significa resignación. Significa reconocer que la vida no siempre sigue un sentido lineal, ni nos recompensa de manera inmediata. Es un enfoque más realista y, paradójicamente, más ligero, porque dejas de chocar constantemente contra la expectativa de que “todo debe encajar”.
Incluso Bob Marley lo constató curando dijo:“You think you’re living in heaven but you’re living in hell.” Él, al menos, observó algo que yo también considero más real. Y tambien recuerdo que Albert Camus en el mismo orden de pensamento como és el de aceptar que vivimos en el caos, su propuesta no es resignarse, sino aceptar el absurdo y vivir plenamente a pesar de él. No voy a enfrentar o chocar contra el caos para encontrar un orden, simplesmente me liberto del caos y no busco ningun orden, vivo con él. Besitos y gracias por esta nueva reflexion.
Hola Rita, qué maravilla leerte. Y qué necesario ese contrapunto tuyo.
Yo estoy de acuerdo contigo en casi todo… pero solo casi. Aceptar el caos es liberador, sí, pero —y aquí viene mi “pero” de INTJ cabezón— aceptar el caos no implica entregarse a él con los brazos abiertos como si fuese un jacuzzi cósmico.
Para mí el punto no es luchar contra el caos, sino aprender a navegarlo sin ingenuidad. No compro la idea de que el esfuerzo debería llevarnos siempre “a que las cosas vayan bien”. Eso es un cuento infantil empaquetado por la sociedad, como dices. Pero tampoco compro que vivir “sin buscar ningún orden” sea la versión madura de la historia.
Al final, si no ponemos un mínimo de estructura —aunque sea casera, aunque sea flexible— el caos se nos come. Y no por maldad, sino por pura entropía.
Camus decía que hay que imaginar a Sísifo feliz empujando la piedra. Yo añadiría: feliz, pero empujándola con técnica, hidratado, y con buen calzado. Que una cosa es aceptar el absurdo… y otra es dejar que el absurdo te pase por encima.
Me encanta tu visión porque nos baja del pedestal del “todo depende de ti” y nos recuerda que gran parte de la vida simplemente… sucede(ver el post Entrenando el 40%).
Pero para mí la clave está ahí: vivir en el caos, sí, pero con intención. Sin pretender dominarlo… pero sin dejarnos arrastrar.
Gracias por enriquecer la reflexión y por llevarla a otro nivel. Siempre lo haces. Besito grande.