El otro día tuve una conversación de feedback. Antes de empezar, la persona con la que hablaba me hizo una pregunta sencilla:
— ¿Estás nervioso por lo que vamos a hablar?
Mi respuesta fue espontánea, quizá demasiado:
— No, en absoluto. Esta conversación es valiosa porque me ayuda a identificar oportunidades de mejora. Pero no define quién soy ni lo que valgo. Eso solo puedo definirlo yo. Porque soy la persona que más se conoce y más se trabaja cada día. No para ser mejor que otros, sino para ser mejor que mi yo de ayer. Y eso sé que lo estoy consiguiendo.”
Y probablemente tú ahora te estés preguntando:
👉 ¿Qué tiene todo esto que ver con jugar al golf en la vida?
El hándicap: competir contigo mismo
Lola y yo empezamos a jugar al golf juntos hace más de 20 años. Siempre nos gustó porque podíamos jugar juntos, con amigos, y daba igual el nivel de cada uno.
El golf tiene algo extraordinario: el hándicap.
El hándicap no te compara con otros jugadores. Te compara contigo mismo en el tiempo:
- Si mejoras, bajas hándicap.
- Si empeoras, lo subes.
👉 Siempre juegas contra tu golfista de ayer.
El sistema no juzga quién eres, Solo mide si has progresado respecto a tu propio punto de partida.
Liderazgo con mentalidad hándicap
En la vida —y especialmente en el liderazgo— pasa algo parecido. Una conversación de feedback:
- No te hace mejor ni peor líder
- No define tu valor
- No es una sentencia
Es solo información. Si después de esa conversación:
- Escuchas mejor que ayer
- Gestionas mejor una tensión
- Eliges mejor tus palabras
- Cuidas más a las personas
- Actúas con más coherencia
👉 Has bajado tu hándicap como líder,
independientemente del resultado puntual del feedback que recibas en la conversación.

La respuesta que de verdad importa
Después de un feedback solemos buscar respuestas fuera: Aprobación, Validación, Reconocimiento… Es normal, diría más, es natural; el ser humano es el mamífero que más necesita ser reconocido y aceptado en “su manada”
Pero la pregunta clave es otra:
👉 ¿Soy hoy mejor líder y mejor profesional que ayer? Y aquí va algo importante:
La respuesta verdadera a esa pregunta no puede dártela nadie mejor que tú.
Solo tú sabes:
- Cuánto te trabajas
- Cuánta consciencia tienes de ti mismo
- Si te observas con honestidad
- Si aprendes de verdad o solo reaccionas
Sin autoconocimiento profundo, no hay hándicap fiable. Sin consciencia, cualquier marcador engaña.
Entrenar vivir la vida jugando al golf
Vivir la vida como si jugaras al golf es:
- No competir con otros
- No delegar tu valor en una opinión externa
- Usar el feedback para ajustar el swing
- Medir tu progreso en silencio
- Bajar hándicap poco a poco.
Porque al final, el único rival que importa eres tú mismo… el de ayer.
Y tú, ¿que estás haciendo para bajar tu handicap?
Mientras te lo piensas, te regalo esta canción 🎶♥️






Mister, yo estoy también con los “performance reflections”, el mío y los de mi equipo.
Entiendo perfectamente lo que dices y te comparto algo a título personal.
En mi primer trabajo no me fue del todo bien y llegué a preguntarme (literalmente) si servía para trabajar. Nunca he olvidado la frase que me dijeron en su día como respuesta a ese disparate.
“Cuando en otro trabajo te valoren (que te valorarán) recuerda que no eres tan buena como te dicen ahora ni tan mala como te decían antes”
Una verdad como un templo…
Querida África,
qué bien traído lo que compartes. Lo leo y asiento con la cabeza, despacio.
Las performance reflections tienen esa capacidad casi mágica de llevarnos a lugares incómodos si no estamos bien anclados.
Lo que cuentas de tu primer trabajo es oro puro. Esa frase es una vacuna contra el ego… en las dos direcciones.
Ni cuando te aplauden eres tan extraordinaria, ni cuando te cuestionan eres tan desastre. Punto.
Lo demás es contexto, momento, encaje… y ruido.
Me conecta mucho con aquel otro post de “esto también pasará”. Porque pasa lo malo, sí, pero también pasa lo bueno. Y olvidarlo es igual de peligroso.
Cuando algo no va bien, conviene recordarlo para no hundirse.
Cuando todo va sobre ruedas, conviene recordarlo para no creerse Superman.
Al final, lo único verdaderamente estable es seguir haciendo bien tu trabajo, con honestidad, criterio y valores, independientemente del aplauso o del silencio.
Lo demás… pasa.
Gracias por compartirlo. De los aprendizajes que se quedan.
Un abrazo grande.