GLACIER 360º_ PREPARADOS PARA LA GUERRA

GLACIER 360º_ PREPARADOS PARA LA GUERRA

23 mayo 2020 5 Por Alejandro

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Sábado 10 de agosto

Yisus y yo nos despertamos como era habitual con mucho margen de tiempo para preparar todo nuestro equipaje. En esta ocasión nuestra ropa y equipamiento estaba condicionada por la lluvia que ya nos estaba acompañando desde el principio de la noche. Yo tenía entre mi equipación guantes, chubasquero, y un extra de ropa para luchar contra el frío y la humedad. Yisus, previsor y asegurador como es él, tenía todo lo que yo llevaba pero multiplicado por dos. Acostumbraba a llevar con él una mochila que parecía el bolso de Mary Poppins. De esa mochila salían guantes, chubasqueros, calcetines, cubre zapatos, manguitos, perneras, y un largo etcétera. Pero además de todo esto, salieron dos elementos que nunca me pude imaginar que podría llevar mi compañero y amigo Yisus: un gorro de baño y unos guantes de látex. No quise dedicarle mucho tiempo al pensamiento de qué puñetas pintaba eso dentro de la mochila, y de repente Yisus me dice “¿Quieres que te deje unos guantes y un gorro de baño?” En ese momento me eché a reír, no entendía la utilidad que estos elementos podrían tener durante la etapa. Pero la lógica aplastante del Yisus ingeniero, me dijo: “hoy nos vamos a empapar, y el gorro de baño nos permitirá tener la cabeza seca durante la jornada, y los guantes de látex harán lo propio con nuestras manos”. A mí no me parecía que fuese la mejor solución para vencer las adversidades que nos prometía el día, pero no perdía nada por intentarlo, y acepté.

El viaje en el autobús que nos llevaría a Blönduós se nos pasó bastante rápido. Aprovechamos el trayecto para hablar Yisus y yo acerca de la carrera, de lo mucho que estábamos disfrutando la aventura Glacier 360, y del carácter islandés. En un evento de estas características en España, ya se habrían formado grupos y corrillos de gente en los que se compartirían anécdotas y experiencias múltiples. Habría gente levantada por el autobús contando y escuchando las aventuras de cada pareja durante la etapa del día anterior, hablando de que las molestias musculares empezaban a aparecer, y compartiendo acerca de los miedos e incertidumbres de cada uno. Sin embargo, nuestro autobús, poblado mayoritariamente de nórdicos, era orden en estado puro. Todo el mundo sentado y aunque sí se escuchaban conversaciones entre cada una de las parejas (en un tono discreto) y alguna que otra tímida risa, el ambiente era totalmente diferente al que estábamos acostumbrados a vivir en otras carreras en las que habíamos participado.

Mientras discurrían los kilómetros, veíamos por la ventana del autobús que fuera el viento y la lluvia ya estaban castigando el día con fuerza. Yisus y yo no nos decíamos nada, pero ambos teníamos en la cabeza la misma idea. ¡Vaya día que nos espera!

Lo que no se soluciona pasando página, se soluciona cambiando de libro

Eran casi las 11 de la mañana, y comenzamos a ver lo que nos pareció Blönduós. Una pequeña población de apenas 1000 habitantes, situada en la costa noroeste del país. En Islandia es difícil encontrarse con grandes núcleos de población. Es un país en el que sus 360.000 habitantes, están diseminados en pueblos y pequeñas ciudades situadas fundamentalmente en municipios costeros.

Salimos del autobús y nada más asomarnos a la calle comprobamos que el viento y la lluvia se habían levantado con ganas de hacerse notar. Yisus y yo íbamos bien pertrechados con toda nuestra equipación de lluvia, y aún así echábamos de menos un poco más de abrigo. En España jamás habíamos tenido que protegernos tanto. Nos costaba andar con tantas capas y gadgets antilluvia. Con unos andares al más puro estilo robocop, nos dirigimos a una estación de servicio que estaba a apenas 50 metros del lugar donde nos había dejado el autobús. En la estación de servicio se encontraban nuestras bicicletas, y estaba sirviendo de refugio a todos los corredores, para continuar reforzándose ante la lluvia y viento que nos había regalado el día. Al entrar en la estación de servicio, nos dimos cuenta de que en Islandia el nivel de vestimenta ciclista antilluvia alcanza otra dimensión. Yisus me dijo: “Alejandro, esto se está poniendo muy feo. Si todos estos nórdicos en la etapa de ayer iban en manga corta, mientras nosotros pasábamos frío, hoy que están poniéndose de chubasqueros, forros, guantes y bufandas hasta los topes, lo vamos a pasar muy mal”. Nosotros íbamos bien equipados, pero la impresión que teníamos ambos era que nada iba a ser suficiente. No nos quisimos agobiar, sobre todo porque no serviría de nada. Queríamos disfrutar la etapa, vivir la aventura y defendernos con uñas y dientes de las condiciones climatológicas adversas.

Equipados con nuestras mejores galas nos montamos en nuestras bicis y nos dirigimos al punto de salida. Nuestro look con el gorro de baño puesto por encima del casco estaba causando furor entre los corredores nórdicos. Éste era un gadget que ellos no habían visto hasta que la pareja española apareció por Islandia para hacer el lanzamiento de tal innovación tecnológica. Yisus estaba disfrutando como un niño con zapatos nuevos ante las preguntas de los locales acerca de nuestra indumentaria. Estaba tan convencido de su invento, que le ofreció a algún compañero de carrera cederle un gorro de baño que tenía de sobra.

Situados en el arco de salida unos segundos antes de que diese comienzo la carrera, nos dimos cuenta de que nuestros pies estaban ya empapados y todavía no habíamos empezado. La jornada prometía ser dura y exigente.

Las personas solo sufren porque toman en serio lo que los dioses hacen por diversión

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