GLACIER 360º_THE BLACK & WHITE MILES

GLACIER 360º_THE BLACK & WHITE MILES

15 mayo 2020 5 Por Alejandro

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Viernes 9 de agosto

Tras un descanso muy reparador, Yisus y yo nos dirigimos al Guest House en donde teníamos programado el desayuno. Comimos abundantemente en previsión de la dura jornada que nos esperaba. Volvimos a nuestra habitación y nos preparamos para la carrera: equipaje cerrado para dárselo a la organización y que nos lo transportasen hasta la línea de llegada, nos vestimos de guerreros, y organizamos todos los enseres que queríamos llevar con nosotros durante la etapa.

En cuanto llegamos al punto de salida, comenzamos a calentar. Subíamos y bajábamos por una carretera cercana a la línea de salida. En ese momento empezamos a ser conscientes de verdad del protagonismo que jugaría el viento, no solo durante la etapa del día, sino durante toda la carrera.

En cuanto dieron la salida, nos intentamos colocar en una posición cómoda, en la que Yisus y yo pudiésemos llevar un ritmo exigente pero sostenible. En los primeros kilómetros íbamos bien, conseguimos situarnos en los grupos de cabeza, y seguir un ritmo que nos encajaba para llevar un esfuerzo acorde con nuestra capacidad. Nuestro empeño era encontrar un grupo de corredores al que pudiésemos engancharnos y hacer más confortable la etapa mediante relevos. En el kilómetro 35 la carrera comenzó a estirarse y los grupos con los que comenzamos empezaron a dispersarse. Ante las distintas posibilidades de enganche que nos ofrecía la carrera, decidimos ser conservadores y quedarnos con los que iban a un ritmo intermedio. Una parte de nuestros compañeros de viaje nos adelantaron, y otros se quedaron junto a nosotros. Entre los que nos pasaron estaba la pareja femenina con la que habíamos hablado el día anterior: Steinunn y Anna. No tenían apariencia de ser unas ciclistas muy potentes, pero hacían un trabajo de equipo muy eficiente, y siendo locales conocían muy bien el terreno y la climatología islandesa. Esto último sería el aspecto más determinante para Yisus y para mí durante la Glacier 360.

Durante todo el camino nos fuimos dando cuenta de la preciosidad de ruta que estábamos haciendo alrededor del glaciar Langjökull. Cada vez que levantábamos la vista de nuestro manillar, Yisus y yo alucinábamos con la asombrosa estampa del glaciar que presidía de manera dominante el horizonte.

“Las crisis aunque atemorizan nos sirven para cancelar una época e inaugurar otra”

Conseguimos llegar hasta el kilómetro 65 con un consumo energético razonable. En este punto la ruta hacía un giro de casi 90º reorientándonos dirección norte, lo cual significaba en que a partir de ese momento lucharíamos con nuestras pedaladas contra un fuerte viento que se empeñaría en dificultarnos al máximo lo que restaba de etapa. Fue éste un momento de cambio que tuvimos que afrontar sin esperarlo. No contábamos con una previsión de viento en contra tan adversa, y ahora nos quedaban más de 30 km de subida progresiva, con un fuerte viento de cara. Yisus y yo debíamos ayudarnos en la tarea que nos quedaba por hacer. Intentamos pegarnos a alguna de las parejas que venían cerca, para que el trabajo en equipo estuviese distribuido entre más personas. Sin embargo, nuestra capacidad de vencer la resistencia del viento era menor que la de otros corredores. El esfuerzo estaba siendo titánico, y yo iba viendo que a Yisus se le estaba cambiando la cara. De la felicidad e ilusión de los primeros kilómetros, había pasado a un semblante de resignación y sufrimiento. No sabíamos cuántas parejas quedaban por detrás de nosotros, pero sí fuimos viendo que muchas nos habían adelantado, y que íbamos acompañados de una pareja norteamericana que pedaleaba casi tan agotados como nosotros. Con mucho esfuerzo, y trabajo de equipo, conseguimos llegar por fin a una zona algo más resguardada del viento, que discurría por un sendero que en apenas 7 km nos conduciría hasta la línea de meta en Húsafell. Llegamos al final de la etapa, y nada más atravesar el arco de meta nos encontramos con una simpática chica de nacionalidad italiana que ejercía de delegada de la UCI (Unión Ciclista Internacional). Fue muy agradable con nosotros, y encontramos en ella a una persona de cultura mediterránea que plagada de empatía reconoció nuestro intenso esfuerzo para superar unas condiciones climatológicas tan adversas para unos españoles acostumbrados “al sol y playa”. No muy lejos de la línea de llegada pudimos ver una carpa en la que un parrilero local estaba preparando una barbacoa de pinchos de pollo morunos, justo al lado de unas humeantes tazas de algo que parecía caldo caliente. Había llegado el momento de descansar y reponer fuerzas.

Finalizado nuestro particular festín, nos dirigimos a nuestra habitación  para ordenar nuestro equipaje, y descansar un rato antes de la cena. Cuando estaba tumbado en la cama, cogí mi móvil para revisar el correo y me encontré con un mensaje de la organización que decía lo siguiente: 

“Due to extreme weather circumstances Glacier 360 race management has decided to modify day number 3 of the race in 2019 to secure riders’ safety on the course. The planned course for this stage is very remote which makes it unsafe in certain conditions. After consulting with Iceland’s Met Office and Blanda Search and Rescue Unit we have come to the conclusion to move the start line and modify the course. The riders and bikes will be transported from Húsafell to Blönduós town. We will start the stage from there, riding 108 km”

Cambio de planes. Yisus y yo, nos dimos cuenta a partir de ese momento de que la climatología iba a tener un papel todavía más importante del que habíamos vivido durante la segunda etapa. En cuanto leímos el mensaje, buscamos dónde se encontraba el nuevo punto de salida. Blönduós era un pequeño pueblo que se encontraba al norte de la isla, a una distancia de casi 200 km de Húsafell. Con lo cual, a la mañana siguiente nos esperaba un viaje de 2 horas y media en autobús, para poder llegar a nuestro nuevo punto de salida. Comprobamos que las previsiones para el día siguiente eran de viento del norte, y amenaza de fuertes lluvias durante toda la jornada. El panorama era verdaderamente desolador. Nosotros no estábamos entrenados para enfrentarnos a una climatología tan extrema. Ahora empezábamos a entender porqué la inmensa mayoría de participantes en esta carrera eran eslavos.

“La clave está en ver las cosas tal cual son, y no peor de lo que realmente son”

Hoy, en mi casa, resguardado de la lluvia mientras escribo estas líneas, pienso en esta canción que me lleva emocionalmente al momento en el que imaginaba cómo sería la etapa del día siguiente, y qué grado de resiliencia tendríamos que desplegar Yisus y yo ante tal desafío.

 

 

 

 

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