GLACIER 360º_EL ÚLTIMO DÍA

GLACIER 360º_EL ÚLTIMO DÍA

11 junio 2020 14 Por Alejandro

Hoy es el último día de esta preciosa historia. Siempre que empiezo una aventura en mi vida lo hago sin pensar que un día será el último. El final de la carrera en el que tocará desmontar la bicicleta, meter el equipaje en la maleta y marcharme sin mirar atrás. Y digo sin mirar atrás, porque la tentación que tengo siempre es de “quedarme”. Buscar alguna manera de seguir enganchado a la aventura, para mantener viva la esencia de las emociones y experiencias que tanto me han hecho vibrar. Pero esto no funciona así. Las carreras por etapas tiene su propio ciclo de vida: un primer día, caracterizado por los nervios, la ilusión, las mariposas en el estómago y la magia. Luego vienen los días de estar en carrera, en los que hay momentos 10 y momentos de otro tipo. Hay felicidad máxima y también hay tristeza. Toca gestionar emociones, confiar en las capacidades propias, y en que mi “Ángel de la Guarda” me cuidará y me orientará por el mejor camino. Y finalmente llega el último día, en el que en función de cómo hayan ido las cosas durante la carrera, el sentimiento será de felicidad y orgullo, o de tristeza y frustración. Y siempre, siempre, siempre habrá un trasfondo de nostalgia, porque NO QUIERO QUE SE ACABE.

Se me viene en este momento una frase que escuché hace tiempo y que describe muy bien cuál es la mejor actitud ante este sentimiento:

“Echar de menos el pasado es como correr detrás del viento”

Bueno, vamos al turrón… 🙂

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Domingo 11 de agosto

Pasamos de pareja a trío, y mi idea era aprovechar al máximo el trabajo en equipo durante los kilómetros que nos faltaban hasta llegar a meta. Un trabajo de relevos entre 3 nos haría a todos la vida más fácil. Empecé situándome yo en cabeza, Frank se situó en medio y Yisus detrás. El viento había vuelto a subir en intensidad, hasta tal punto que en las zonas más expuestas del camino, me desestabilizaba de manera peligrosa. Miraba hacia atrás y observaba que Frank estaba estratégicamente situado procurándose protección tras de mí. Este es el gran beneficio de trabajar por relevos, el que va en cabeza asume la tracción del grupo, y los que van detrás se benefician de este trabajo, y cada cierto tiempo se relevan las posiciones. Con Yisus, yo muchas veces asumo el trabajo de cabeza porque conseguimos alcanzar un buen ritmo e igualamos así la diferencia de forma física y de cansancio. Con él lo hago encantado, porque le quiero mucho, y sé que es la mejor manera de organizarnos. Yisus por su parte me da muchas otras cosas que son vitales para mí y me permiten crecer, es una simbiosis perfecta. Frank era un ciclista que estaba en muy buena forma, su físico le delataba y yo le veía con una capacidad de pedaleo solvente y una buena técnica. Por este motivo con él tenía la expectativa de poder repartirnos el trabajo para ayudar a Yisus, haciendo una eficiente labor de equipo. Sin embargo la realidad fue bien distinta. Frank iba a trabajar solo para él. Yo quería centrar toda mi energía en pedalear y en procurar que Yisus y yo llegásemos a meta sanos y salvos. 



A medida que íbamos avanzando en carrera, el viento iba subiendo aún más en intensidad. Disfrutamos de una bajada espectacular por una pista fácil con viento de cola. Llegamos a rozar los 70km/hora gracias al viento favorable, y yo prudentemente reduje velocidad, no quería correr más riesgos de los necesarios. Yisus y Frank bajaban embalados, y yo sinceramente temí por la integridad de Yisus, pero él estaba disfrutando a tope después de tanta penalidad de senderos, piedras y arena. Gracias a la ayuda de la climatología logramos alcanzar el tercer avituallamiento de la etapa y último de la Glacier 360. Sería la última recarga energética que nos ayudaría a llegar a nuestro ansiado punto de destino. Preguntamos a las personas de la organización que atendían cómo era el camino hasta meta. Nos dijeron que era bastante sencillo, y que nos quedaba muy poquito para terminar. A día de hoy pienso en si es que no tenían ni idea de lo que nos quedaba por delante, si nos quisieron dar una visión optimista para no desanimarnos, o si simplemente nos tomaron el pelo. Pero lo cierto es que lo que nos quedaba no era sencillo y no estábamos tan cerca de terminar.
Salimos del último avituallamiento cargados de energía corporal y emocional. Empezamos a subir por un camino a la par que comenzamos a percibir el cambio de superficie por el que empezábamos a ciclar. De la anterior pista compacta y libre de obstáculos pasamos a un camino más estrecho, con un terreno muy arenoso y soportando ahora un viento atravesado que nos iba penalizando en la subida. No era más que el presagio de las nuevas dificultades que se nos iban a presentar. A medida que avanzábamos, más complicado se volvía el camino, y más enfrentado teníamos el viento. Cuando ya creíamos que habíamos superado la parte más dura del camino, de repente el track nos hizo girar hacia la izquierda y entramos en una estrecha pista de rocas, piedras y arena. Ahora ya sí que el viento nos atacaba totalmente de frente. La ausencia absoluta de árboles y montañas nos exponía completamente ante el viento. Esta última parte de la carrera iba a ser una verdadera prueba de fortaleza física, habilidad técnica y entereza mental. Nuestras ruedas iban sufriendo cada vez que pasaban por encima esas rocas plagadas de aristas, nuestro mayor temor era tener una incidencia mecánica que nos dejase fuera de juego tan cerca de la meta. Yo continué tirando del grupo, a la vez que iba sorteando cada vez más frecuentes obstáculos. Cada cierto tiempo miraba hacia atrás para comprobar que Yisus seguía mis pasos. Yisus estaba cansado y eso le hacía ir más despacio y con más precaución para evitar una caída. El día se estaba poniendo feo, al fuerte viento se le unión una densa niebla que cada vez estaba más baja y que nos dificultaba la visibilidad. Cada cierto tiempo bajaba ritmo y me paraba para que Yisus se pudiese enganchar de nuevo al tren. Frank se paraba también, aunque su cara iba revelando cada vez una mayor impaciencia y ganas de seguir sin parar. Si bien es cierto que lo más cómodo para un corredor es ir a su ritmo, y sin hacer paradas, cuando dos ciclistas están en el mismo equipo, siempre, siempre, siempre trabajan juntos para conseguir su objetivo, y nunca, nunca, nunca se abandonan en los momentos difíciles, sino que aquél que mejor vaya físicamente le regala a su pareja todo lo que ésta necesita para continuar.

Tras varios kilómetros repitiendo la secuencia: avanzar, mirar hacia atrás, ralentizar, parar y continuar, de repente Yisus desapareció de mi vista. Me paré, dejé la bicicleta en el suelo y retrocedía hasta un alto que había unos metros atrás para tener una mejor perspectiva e intentar ver dónde se había quedado Yisus. No conseguía verlo. Decidí esperar un rato prudencial, y viendo que seguía sin aparecer, cogí el móvil para llamarle. Frank estaba impaciente, me preguntaba dónde estaba Yisus, y se le veía con ganas de continuar, no estaba cómodo. Intenté llamar a Yisus, pero no había cobertura. Empecé a preocuparme, hasta que de repente divisé a un ciclista que venía hacia nosotros. Pensé que era Yisus, pero no fue así. Se trataba de uno de los pros de la carrera, que había tenido que abandonar porque su pareja había tenido una caída y había sido baja de la carrera. Cuando llegó a mi altura le pregunté por Yisus, y me dijo que había visto más atrás a un corredor y que parecía que estaba bien. 3 minutos más tarde vi como el inconfundible Yisus se acercaba, venía más despacio de lo normal, pero venía. Se paró a mi lado, y me contó lo que le había pasado. Su bicicleta no pudo pasar por encima de una de las numerosas rocas que adornaban el sendero, Yisus salió volando por encima del manillar y aterrizó de bruces contra el suelo. Tenía la zona superior del labio sangrando, y pese al susto y el dolor, Yisus seguía con todas sus ganas para continuar. Frank no mostró mucho interés por lo que ocurría, y en cuanto vio que nos poníamos en marcha para continuar, me adelantó y se puso en cabeza por primera vez desde que se unió a nosotros. Pensé que se iba a animar a ayudar con el esfuerzo, pero no fue así, lo que hizo fue acelerar, y seguir su propio camino sin esperar. Después de más de 40 kilómetros disfrutando de nuestra compañía y de mi esfuerzo, decidió irse en la recta final de la etapa sin importarle en qué situación nos quedábamos tras la caída de Yisus. En la vida nos encontramos en ocasiones con este tipo de personas y situaciones, y lo importante se saber identificarlo con tiempo para conseguir encontrar a los compañeros de viaje que están contigo en las duras y en las maduras. Yo no quiero rodearme de personas que cuando la situación se pone fea, piensen en su propio interés y salgan huyendo. Un gran aprendizaje el vivido con Frank.

Yisus y yo nos teníamos el uno al otro, no nos hacía falta más, juntos podíamos con todo. Avanzábamos, despacio, pero nos íbamos comiendo kilómetros. Comprobé por nuestro track y por la señalización de carrera que nos quedaba tan solo 1 kilómetro para llegar. ¡Qué emoción! Me puse a la altura de Yisus, y empezamos a mirarnos con los ojos de 2 niños ilusionados y emocionados. Pronto vimos el arco de meta, y Yisus y yo nos agarramos uno del brazo del otro para entrar juntos y celebrar nuestro éxito. Por fin podíamos decir que éramos finishers de la Glacier 360º.

Al traspasar la línea de meta nos encontramos con el fotógrafo que nos hizo la primera foto de la carrera y que colgó en Facebook. Fue la foto con la que nos dieron la bienvenida a la carrera 4 días atrás. El fotógrafo nos dijo que le hacía ilusión hacernos una foto celebrando la llegada. Le pedimos que nos esperase 1 minuto. Yisus quería coger de su maleta una sorpresa. Se había traído una bandera de España y unos cascos vikingos con los colores de nuestra la enseña nacional. El fotógrafo flipó con nuestro look, y nos hizo tropecientas fotos. Una de ellas la subió a Facebook e Instragram, lo cual nos ha permitido dejar nuestra huella hispánica en esta dura carrera y fantástica aventura.



Ya no nos quedaba más trabajo por hacer. La satisfacción por el logro de ser finishers nos había situado en un estado emocional de máxima felicidad y orgullo. Yisus y yo conocíamos esa sensación por otras carreras en las que habíamos sido finishers. Después de vivir situaciones de agotamiento físico, de estrés mental y emocional, de miedos e incertidumbres, tener la recompensa de ser finisher, hace que todo haya valido la pena. No es solo un logro deportivo, es sobre todo un camino de aprendizaje y proceso de crecimiento personal. Todo lo que vivo en una carrera como la Glacier lo traslado a mi día a día y me veo con mayor capacidad para afrontar situaciones complicadas y superar retos. En esta ocasión el logro tenía un componente especial. Lo había hecho con mi amigo Yisus, lo habíamos hecho juntos. Para mí construir, y alcanzar logros en pareja, es lo máximo, la satisfacción se multiplica y la relación se fortifica.
Nos fuimos al interior de la casa en donde nos esperaba una magnífica hamburguesa hecha en la barbacoa, y unas cervezas bien frescas. Devoramos cada uno dos hamburguesas y bebimos nuestras cervezas con avidez. El camino del héroe había finalizado con éxito y nos sentíamos muy orgullosos por ello.

Cuando terminamos nuestro banquete, nos fuimos a cambiarnos y a recoger todas nuestras cosas. Queríamos estar preparados para subir pronto al autobús que nos llevaría de vuelta a Reikiavik. Esa noche llegaban a la capital islandesa nuestras familias, y estábamos ansiosos por celebrar con nuestras chicas el éxito.
Cuando fui a recoger mis maletas me encontré con Steinunn, una de las integrantes del equipo femenino con el que habíamos intercambiado impresiones durante los días anteriores de la carrera. Le pregunté cómo les había ido, y me dijo que habían ganado la categoría femenina ¡Qué pasada! Su buen trabajo en pareja les llevó a ser ganadoras. Le di mi enhorabuena con un beso y se despidió con un tímido susurro diciéndome: Good luck!

alejandrogomezrosende: Atender, cuidar, ofrecer, escuchar, agradecer…Son acciones que toda pareja sólida y exitosa practican. Gracias Yisus por haberme permitido ser tu pareja Islandesa #glacier360. Eres un 10 en todos los sentidos

fernandezcarrascojesus: Fantástica aventura, tiene mucho mérito haberme aguantado de día pedaleando y de noche roncando 🙂 🙂 :), he vuelto a ser un niño, hacía mucho tiempo que no me lo pasaba tan bien y me reía tanto. Alejandro, eres un deportista enorme pero todavía mejor como persona y amigo! Hasta la próxima.

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