Cuidar el Jardín

Cuidar el Jardín

5 abril 2020 15 Por Fernando

Soy muy afortunado. Por miles de razones. Creo que a la vida hay que agradecerle lo que traiga, pero sobre todo aquello que más damos por sentado. La lista de agradecimiento así es más extensa, por lo que resulta más fácil situarse cada mañana en el estado de agradecimiento necesario para afrontar la dolorosa realidad de este mes de abril. Como recitaba Joaquín Sabina “Quién me ha robado el mes de abril”.  

Los peques, Patri y yo vivimos en una casa con un pequeño jardín que nos está dando un oxígeno extra para sobrellevar las condiciones de un entorno que cada vez se vuelve más restrictivo. Nunca como estos días lo hemos valorado tanto. Pasamos varios meses sin hacerle caso al jardín pues lo encontramos muy descuidado al entrar a vivir, hasta que mis padres nos ayudaron (mucho) a arreglarlo para poder disfrutarlo. Ahora nos está devolviendo con creces aquellas horas de esmerada labor. Así que en cuanto hemos tenido ocasión y el tiempo meteorológico lo ha permitido, nos hemos lanzado a disfrutarlo y a cuidarlo. Quizá lo primero y lo segundo sean lo mismo.

La foto de cabecera es un primer plano de las hortensias del jardín de mis padres. Sólo ellos conocen las horas de cuidados y preparación que necesitan de continuo, los aprendizajes que han debido acumular a lo largo de muchísimos años, y la fortaleza necesaria para volver a empezar todo el proceso cuando algún año las condiciones meteorológicas dan al traste con parte de la cosecha.

Esto setos tampoco son de mi jardín, como reza la leyenda superior.

Este sábado por la mañana, mientras podaba el seto, rastrillaba tierra y recolocaba piedras con los peques, me dio por pensar que todos tenemos un jardín que cuidar, o mejor dicho, varios. Siempre que este tipo de pensamientos me vienen a la cabeza trato de recordar dónde he visto antes esa idea, silenciando la voz de ese ego sabelotodo.

El cerebro tiene la potente habilidad de sacar de ese disco duro que es la memoria el pensamiento necesario en el momento adecuado, aunque no siempre sabe ubicar el origen de esa idea, que en su inmensa mayoría hemos visto, oído o leído de una tercera persona. La próxima vez que pienses que una idea que crees tuya es genial, búscala primero en Google. En este caso, tras finalizar los cuidados del jardín, he acudido a releer el segundo capítulo de “Doce Pilares” de Jim Rohn. Si Warren Buffet dijo que su mejor inversión (y ha hecho unas cuántas buenas) fueron los 100 dólares que pagó por un curso de Dale Canergie, la mejor inversión del gurú del desarrollo personal Tony Robbins (a Robbins debo el enfoque de las tres decisiones) fue acudir con 17 años a uno de los seminarios de Jim Rohn. En ese capítulo, el viejo Charlie recibe al protagonista mientras cuida el jardín del Sr Davis y prosigue con su proceso de crecimiento personal a través de dos nuevos pilares que desvela mientras continúa con esmero los cuidados del jardín. Por un lado, anticipando la metáfora, se refiere al cultivo de su jardín interior: cuidar su cuerpo, sus pensamientos, capacidades y emociones así como su espíritu. En entrena10.com a ese cuidado disciplinado lo llamamos entrenar y tratamos de equilibrar esas mismas dimensiones. El segundo jardín es el de nuestras relaciones. Este jardín debe ser cuidado por todas las partes, pero suele suceder que cuanto más lo cuidamos nosotros, mejor cuidado recibe por los demás. Y el jardín florece con mayor probabilidad.

En ambos jardines la maleza crece sin necesidad de sembrarla, ni regarla, ni cuidarla. Las preocupaciones, el miedo, las creencias limitantes, los egos y los malentendidos, están y estarán siempre sin necesidad de hacer nada. La labor del jardinero es acudir todos los días al jardín y retirar la maleza. Ni juzgarla, ni maldecirla, simplemente aceptarla y hacer lo necesario para eliminarla en ese momento. Finalmente, el jardín mejor cuidado puede que no resista unas condiciones externas extremas. Aquí la labor del jardinero es acudir de nuevo el día siguiente y comenzar otra vez, porque sabe que las condiciones no siempre van a ser así.

Soy como el junco que se dobla pero siempre sigue en pie.

Carlos Toro Montoro

Creo no hacer spoiler si anticipo que en unos posts caerá uno sobre el jardín de las relaciones. Pero hoy quiero continuar un poco más con ese jardín interior que podemos aprovechar para cultivar en estos días atípicos, en esta nueva normalidad. Me gustaría centrarme en dos ideas relacionadas sea lo que sea lo que decidimos sembrar en el jardín: las raíces y los frutos.

Hace unos meses uno de los árboles del mismo jardín que hoy cuidamos, se secó. Le hemos dado el invierno para ver si reprendía, sin éxito. De nuevo mis padres nos han ayudado con ello (mil gracias). Lo que descubrimos al cortarlo es que las raíces eran muy someras, al estar plantado sobre solera y no habían podido penetrar lo suficiente en la tierra para superar condiciones extremas de sequedad durante el verano. Recordé la analogía del bambú que nos transmitía Estefanía, por boca de Alejandro, en Sólidos cimientos para la vida. Si el bambú tarda 7 años en emerger a la superficie es porque durante ese tiempo está conformando una compleja red de raíces que lo mantiene firme en su base cuando en la superficie necesite flexibilidad para combatir vientos extremos. Me ha dado por buscar cómo son las raíces de la versión española del bambú, ese “junco, que se dobla pero siempre sigue en pie” que a diario resuena en nuestras cabezas, para descubrir que sus raíces son “tozudas y aferradas a la tierra”. Raíces fuertes, tallos flexibles al punto de dejar que el viento los atraviese y los llegue a doblar, sin romperse. Que no traten de explicaros en el futuro qué es la resiliencia sin que os venga a la cabeza el estribillo de la canción interpretada por Manolo y Ramón.

Si exprimo un limón, tengo zumo de limón.

Wayne Dyer lo explicó igual con una naranja.

En el lugar del árbol que se ha secado Patri quiere que pongamos un limonero. La idea que os quiero contar se la escuché al difunto Wayne Dyer, en su caso, con una naranja. En un tiempo, cuando recojamos los frutos del limonero y los exprimamos, obviamente obtendremos zumo de limón. Es imposible obtener zumo de otra fruta. Sería una locura querer obtener zumo de uva. Si exprimo un limón, tengo zumo de limón.

Cuando la vida nos exprime como lo hace en estos momentos, lo que sale de nosotros es lo que llevamos dentro. No puede salir otra cosa, no puedo escudarme en que la situación es, en algunos casos extrema. Como me muestro en estos momentos, es como realmente soy. Dicen que las crisis sacan lo peor y lo mejor de las personas. Pero simplemente sacan, en grado superlativo, lo que tenemos dentro. Durante muchos años de cuidar o descuidar el jardín hemos dado lugar a unos frutos. Ahora no podemos cambiarlo de la noche a la mañana. Aunque sí que podemos comenzar a cuidar el jardín de otra manera para obtener otros resultados en el largo plazo.

En inglés “presente” se dice “PRESENT”. Si colocas un guion, tal que así: “PRE-SENT”, el significado que toma es el de “pre-enviado”. Esto es, el presente es lo que nos hemos enviado desde el pasado. Los frutos de hoy son la consecuencia de los cuidados que le hicimos al jardín en el pasado. La distinción del PRE-SENT la tomo prestada de Matti Hemmi, que a su vez se la escuchó a su coach (creo que se llamaba Jason). Jason seguro que tomó información de una o varias fuentes, consciente o inconscientemente, para conformarla. Las ideas están y siempre han estado. Nosotros sólo somos sus portadores.

Hace unas horas el presidente del Gobierno anunció la intención de llevar al Congreso una nueva prórroga del Estado de Alarma. 15 días adicionales hasta el 26 de abril. Una nueva vuelta al exprimidor. También una nueva oportunidad para que las gotas de jugo que salgan de esos frutos que somos nosotros, sean la parte más dulce de cada de uno, porque ahora nos creeremos con más derecho de mostrar la parte amarga. Y definitivamente, una nueva oportunidad para seguir cuidando nuestro jardín para un futuro diferente.

Hoy no podía dejaros con otro tema. Con permiso de Joaquín, de Manolo y Ramón, por alusiones en el post.

Por más que hace escasas horas nos hayas dejado, a la vez Música y Maestro… quiero bailar un “slow with you tonight”.

Hasta siempre Maestro
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